Qué bonito nombre tienes felicidad…

La suma de causalidades te lleva al lugar justo donde estás ahora. Quizás una decisión que que pudiese no ser certera en un principio o que te ocasionaba alguna duda puede ser el principio de una nueva aventura, de una nueva microvida. Cómo me gusta esta palabra, ‘microvida’. Pero es que adoro esa incertidumbre, el miedo, las dudas, toda esa suma de sentimientos antes de embarcarte en la aventura…Si todo fuese tan fácil, ¿dónde estaría la emoción? Aunque elegir no es fácil, y hacer una cosa en lugar de otra te traerá muchas consecuencias, siendo optimista, normalmente, serán cosas buenas, pero también se dejan otras cosas atrás. No se puede estar en todos lados ni quererlo todo. Sigue leyendo

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Partidas y llegadas

Hacía tiempo que no escribía en el blog así que va siendo hora de retomarlo y ponernos al día. Ya hace cuatro meses que llegué a esta pequeña ciudad llamada Molfetta (aunque a algunas no les guste que la llame pequeña). El tiempo pasa volando y el cúmulo de experiencias va sumando. Y yo, como siempre digo, no quiero que pasen los días.

Cuando llegué supe que venía con billete de ida, aún no tengo el de vuelta (sí temporal) pero sé que el definitivo llegará, aunque aún me quedan siete meses para seguir disfrutando de la bella Italia. Antes de venir sabía a lo que venía, sabía que era un proyecto con una duración determinada, sabía que esto sería como una burbuja en mi vida que me serviría para conocer a más personas pero también para seguir descubriéndome a mí misma y aprender. También era consciente de que conocer a tanta gente también supone decir ‘adiós’. Sí, ‘adiós’. ¡Cuánto odio esta palabra! De hecho, no la utilizo, el ‘ciao’ siempre me ha parecido más suave y el ‘hasta pronto’, incluso mejor (aunque una falacia la mayoría de las veces). El caso, cuando llegué sabía que conocería a gente de muchos países y que probablemente haría buenos amigos por estas tierras pero que cuando toque partir, también tocará derramar unas lágrimas y esto no lo llevo nada bien. Pensaba que el momento de la despedida solo tendría lugar en febrero de 2018, fecha en la que toca regresar pero no, algunos acontecimientos y contratiempos han hecho que tenga que decir adiós a más de uno. No contaba con ello.

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Cuando decides hacer un voluntariado lo haces por ti, piensas en lo que tú quieres hacer, dónde quieres ir, por qué haces este proyecto en tal sitio, qué estás buscando… Es la decisión de uno. Habrá expectativas y miedos (actividad que llevamos a cabo en cada intercambio de jóvenes), las primeras, probablemente, se superan, aunque puede pasar cualquier cosa, y los miedos quedan bastante atrás. Cuando estás fuera aprendes a valerte por ti mismo, aprendes a comunicarte en otro idioma

y descubres la importancia de los gestos, ya no te da tanto miedo viajar solo y te haces más independiente. Independiente sí. Empiezas a conocer a mucha gente (personas que luego te encuentras y no eres capaz de ubicar en un lugar), te suenan todas las caras y te preguntas mil veces dónde los has visto antes. Claro que siempre está el grupo de amigos con el que creas un vínculo mayor (en este caso italianos) y se  convierten en tus compañeros de viaje, con los que salir a cenar, bailar, ir a la playa, organizar cenas internacionales entre otras cosas. Aunque es verdad que, cuando estos compañeros no son voluntarios como tú, no podéis vivir lo mismo y los horarios también son diferentes. Cada cual tiene su vida y tú no puedes cambiar las suyas.

Hablaba de despedidas y es que, desde la primera semana que llegué me estoy despidiendo de gente. En primer lugar ocurrió con el Arrival Training (formación de llegada), donde pasé una semana extraordinaria, ¡qué drama cuando acabó! Después están los intercambios donde jóvenes de diversos países realizan una especie de convivencia durante una semana bajo un tópico (deporte, empleo, alimentación etc). Gracias a esto he conocido a personas de Bulgaria, Rumanía, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Polonia, Francia, Alemania etc. Obviamente habrá lazos más fuertes con unos que con otros pero que me sigan llegando mensajes privados de algunos del intercambio que tuvo lugar hace un mes me llena de orgullo y satisfacción (como diría aquel rey). Tu cuerpo se va haciendo a las despedidas y sabes que en esto consiste salir fuera, en saber decir también ‘adiós’. Pero no solo están los intercambios, también están los voluntarios que empezaron antes que tú y que ya han acabado su proyecto…Otros vendrán y serán ellos los que me despidan a mí cuando toque. Así funciona. Partidas y llegadas.

Pero por ahora, la despedida más triste ha sido la de mi compañera de proyecto, piso y dormitorio. La convivencia hace mucho y cuando no te la esperas duele. Sobre todo, cuando sabes que no vas a volver a verla porque, como diría si estuviera en Chiclana ahora ‘no es que se haya ido a la Isla, sino a Rusia. ¡Upsss! Quién sabe, quizás algún día, como nos hemos escrito hoy, me de por ir a Moscú y ella esté allí. (Punto, punto, punto). 

He hablado más de una vez de esas personas que vienen y van, de las que se quedan un tiempo, hacen su papel en su vida y se marchan, la marcha no tiene que ser algo negativo, influyeron positivamente durante un tiempo en tu vida y así las recordarás pero ese era el papel que les tocaba jugar y pienso que este es el rol de la mayoría de las personas en nuestras vidas. Aportan, les aportas, pero el juego se ha terminado. También están las que vienen y no aportan nada, se van y solo dejan su rastro en tu facebook pero que con el tiempo, sabes que terminarás borrando, pues no te interesan más. Lo que no se puede hacer es prometer (yo por eso nunca lo hago, y quien me conoce, lo sabe). El futuro es incierto.

Sin embargo, a pesar de las despedidas, he de decir que me pesa más el conocer gente, conocer mundo, ya que conocer es aprender, y hago un guiño al nombre de mi blog. Y repito que aquí soy muy afortunada con las personas que he encontrado, con las de la asociación y con lo que rodea a la asociación, con mis italianos y con mi ucraniana. Pero es que además, se van creando vínculos de todo tipo; con el frutero que me saluda siempre haciendo referencia a mi nacionalidad, también el otro frutero que cada vez que me ve me pregunta dónde he ido el finde a bailar, los molfeteses que se extrañan de ver a personas extranjeras viviendo por aquí un año, el de la heladería San Marcos que siempre tiene una sonrisa en la cara y no duda en saludar, los del Pub Asterix que se extrañan cuando no me ven, aquella niña que acudía sola al supermercado y me miraba curiosa hasta que un día decidimos entablar una conversación y me presentó a su madre, las vecinas que al principio no confiaban demasiado y luego nos han dicho que están aquí para lo que haga falta, incluso me han llevado al trabajo en coche (lo cual tampoco hace falta porque vivo a 10 mins a pie), personas jubiladas que acuden como voluntarias para enseñar el idioma a inmigrantes (grupo al cual me he unido) y con los que me encuentro encantada, ellos siempre tienen una sonrisa y una muestra de cariño conmigo, tus ‘exalumnos’ que se alegran tantísimo al verte y un largo etc que va construyendo tu día a día. Además, como siempre digo, la gente de aquí ‘es muy buena gente’. Pequeños gestos que van haciendo de este lugar…mi casa 🙂 

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