Hoy sé dónde voy a dormir

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Como cada noche sabía que, después de dar mi paseo nocturno con mi perro, volvería a casa. Sabía que mi cama estaría esperándome y que yo me sumergiría en ella con todas mis fuerzas para agarrarme a mi almohada y taparme con mis sábanas aunque no hiciera falta. Sabía que tenía un lugar, un hogar al que regresar. Sabía que ese sitio estaría garantizado y que estaba hecho para mí. Lo que no sabía es que esa noche algo me haría pensar o sentir diferente. 

Aquella noche todo transcurrió muy rápido. Prometía ser una noche cualquiera, sin más. Una vuelta de quizás diez minutos y luego volver a casa para entrar en Facebook y volver a mi vida normal. Pero aquella noche fue diferente. Las circunstancias fueron diferentes. ¿Causalidad? En esta ocasión decidí no coger el camino rutinario de siempre, incluso quise atajar. Estaba cansada. Pero algo estaba a punto de pasar. 

Prejuicios. Nadie está libre de ellos y nadie es nadie. Una persona desconocida se acercó a mí, no sé bien con qué voluntad pero mi ‘sexto sentido’ me avisaba de que debía estar atenta. De todos modos, tan sólo estábamos mi perro y yo. Yo no llevaba nada más. Tras una leve conversación que quise atajar pronto, él se marchó aunque seguía cerca, entonces yo me alejé. Segundos después, escuché unos gritos que llamaron mi atención. Reconocí una silueta lejana con otra más pequeña, era un perro, él le gritaba a aquel hombre. Los conocía. Los conocía de verlos todas las mañanas sentados por la calle pidiendo algo para comer. 

Mi curiosidad esta vez se llenó de valor para tratar de comprender lo que pasaba. La segunda silueta quería alejar a quien primero se había acercado a mí. No entendía bien el idioma. No era español. Aquella persona terminó huyendo y entonces me acerqué a ‘mi conocido’. Él estaba sentado en la acera. No parecía de aquí. Estaba superado. Tratamos de iniciar una conversación aunque algo nos costó. Después de unos minutos, al saber que él hablaba inglés pudimos comunicarnos algo mejor. Me contó cosas sobre su vida, su pasado, su presente…Sus noches en las que sólo era capaz de coger el sueño si bebía algo de alcohol. En ese tiempo, su perro cayó dormido y el mío se sentó pacientemente a esperar a que acabásemos de hablar. Unas lágrimas brotaron por su joven rostro.

Podría tener perfectamente mi edad. Unos minutos después, confirmé que tenía un par de años más. Su vida era la calle. Caminar día tras día, callejear, pedir alimento y un lugar donde ducharse y volver a su tienda de campaña. Un lugar donde resguardarse de la fría noche o simplemente, tener un lugar al que volver. Al principio no me quería decir dónde. Se avergonzaba.

El joven me confesó que se había fijado en mí en otras ocasiones, también yo había reparado en él, quizás el tener perros nos había ayudado a congeniar. Él no quería que me pasara nada y estaba seguro de que aquella noche me quisieron robar. Sus ojos brillaban y me decían que eran lágrimas sinceras. Su mirada no me dejaba marcharme. Quería conocer más. Cuando le pregunté porqué lloraba él me contestó que eran lágrimas de felicidad. Su sonrisa me pareció sincera pero tampoco entendí bien el porqué. Un rato agradable.

Tras un grato diálogo tuve que marcharme. Tenía una casa a la que volver. Sin embargo, a él lo dejé allí sentado en mitad de la calle mientras me veía desaparecer. Egoístamente yo sabía dónde iba a dormir pero no sabía que me acostaría pensando en aquel joven que no tenía nada que perder y, que sin saberlo, había hecho mucho por mí. 

La Galería (II Parte/Final)

Dibujo por Mj R.

Dibujo por Mj

Ese fin de semana no pude dormir bien, me quedé dibujando en casa. Quise ir al hospital a ver a aquel hombre pero sabía que no me dejarían pasar a verlo. El lunes por la mañana fui a la galería. Si se había recuperado quizás estaría allí. La suerte no estuvo de mi parte. Me quedé sentada allí un rato cuando dos señores se aproximaron al cuadro. Uno quería comprar el cuadro y oí decir al propietario de la galería que no estaba en venta. El comprador, con dotes persuasivas insistió una y otra vez, pero el propietario respondió que “un distinguido fotógrafo vendió esta fotografía a la galería para que fuera expuesta con la condición de que no se vendiera. No podemos faltar a nuestra palabra”.

Ojos azules había hecho la fotografía y la había vendido a la galería. ¿Por qué? Supe entonces que ahora más que nunca tenía que hacer ese dibujo. No conocía la historia que había detrás, pero algo había, y yo ya estaba vinculada a ella.

Unos días después volví a la galería y me dispuse a terminar el dibujo. Tenía que hacerlo bien, pero cuál fue mi sorpresa cuando la fotografía no estaba allí. Busqué de inmediato al propietario de la galería y le pedí explicaciones. Había oído su conversación, sabía que no podía venderlo, ¿dónde estaba? El propietario, un tal Miguel, en un principio se negó a darme información sobre su cliente pero entre tanto interrogatorio acabó derrumbándose y me dijo que le habían ofrecido una buena cantidad de dinero. Yo me indigné, además, no había acabado mi dibujo. El propietario no sabía que ojos azules había sido agredido y cuando se lo dije, las lágrimas cayeron por su mejilla. Fue entonces cuando decidió hacerme la confesión completa de su vida. “Tu ojos azules era un reconocido fotógrafo, sus fotografías eran increíbles y tenía algo especial con su cámara. Vivió muchos años felices junto a Emi, su mujer, quien también era fotógrafa, pero la situación económica del país acabó con ellos. Fueron desahuciados y su casa era la calle. Emi murió poco más de un año después de ocurrir esto y a Fran no le quedaba nada. Tenía a su perro con él, la fotografía y un traje de chaqueta. No quería desprenderse de la fotografía ya que era el único recuerdo que le quedaba pero al final decidió venderla con la condición de que no pudiésemos venderla nosotros. ¿Por qué se quedó con la chaqueta? De este modo podría venir a la galería, ver su fotografía y ser una persona más de las que suelen venir. Yo le dejo que se duche de vez en cuando en mi casa. Fran es un gran tipo y no le gusta pedir favores. Verse en la calle con esa necesidad es lo peor que le ha podido ocurrir. No quería que le reconocieran”.

Aquello me hizo pensar. Le conté todo lo que había visto la noche del viernes. Miguel se sintió fatal por lo que había hecho y accedió a darme la información de su cliente. Además, vendría conmigo al hospital.

calle-1Un par de días después nos dirigimos al hospital, dimos su nombre y apellidos y fuimos a su habitación. Estaba vacía por lo que nos pusimos en lo peor. Nos miramos con las lágrimas saltadas y entonces un doctor nos dijo que le acababan de dar el alta. Miguel y yo nos abrazamos y nos dispusimos a salir a la calle. Ahora tendríamos que localizarlo.

Nos dividimos y fuimos preguntando por las calles, preguntando a otros mendigos hasta que por fin lo encontré. Estaba sentado en el mismo lugar donde le habían dado la paliza. Cuando me vio llegar, sus ojos se envolvieron en lágrimas y me dio las gracias una y otra vez. Yo le abracé. Sentía que era más que un conocido, era mi amigo. Le di algo de comer y saqué un papel enrollado. Fran lo desplegó y tal fue su sorpresa que empezó a llorar desconsoladamente. Había acabado el dibujo y quería que Fran lo tuviera con él. “Es tuyo. Te pertenece”. Yo me sentí muy orgullosa por las ganas que le había puesto a ese dibujo, al fin había alcanzado la perfección. Apenas había diferencia entre la fotografía y el dibujo. Pude acabarlo porque fui a la casa del comprador para negociar sobre la foto, pero no quiso devolvérmela. Al menos, me permitió estar en su casa hasta que lo acabé.

San_Bernardo_9757Me senté a su lado y nos quedamos allí hasta que Miguel llegó acompañado. Había localizado al San Bernardo y lo había traído. El perro estaba más que agradecido y se tiró encima de Fran. Fran volvió a emocionarse. Miguel le pidió disculpas pero Fran simplemente lo abrazó.

Desde aquel día Miguel y yo nos involucramos en temas de pobreza. El dinero que había conseguido por vender aquella fotografía se lo cedió íntegramente a Fran, a quien de verdad le pertenecía. Ambos creamos una ONG para ayudar a mendigos, desahuciados, y parte de las ganancias por la galería irían a causas como estas.  Con el tiempo, Fran se convirtió en nuestro tercer socio.

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La Galería (I Parte)

Una vez más me encontraba en la galería fotográfica de mi ciudad, un lugar que me hace pensar y, sobre todo, me inspira a pintar. Un magnífico hobby que me acompaña desde que era niña. Ahora tengo 23 años. Trato de pintar las grandes fotografías que envuelven aquellas salas. Algunas de grandes fotógrafos que tratan de vender sus fotografías, otras solo están para que el público pueda admirarlas y así dar a conocer sus nombres. La Galería cuenta con cuatro salas, no muy grandes, tampoco demasiado pequeñas. Sus dimensiones son perfectas. Algunos de mis dibujos parecen más reales que otros pero para ello voy cada día, para seguir practicando y conseguir la perfección. Sigue leyendo