El último adiós


Dedos entrelazados, miradas de complicidad y pasión. Agarraba las sábanas con todas mis fuerzas, quería vivir aquel momento como nunca, besarle, apretarle sin mediar palabra. Cerraba los ojos sin pensar en nada más, simplemente, dejándome llevar. No debíamos hablar, sería nuestro secreto. Como si dos niños inocentes estuvieran haciendo algo prohibido y debieran mantenerlo en secreto. Entre risas los besos no cesaban. La felicidad se concentraba en aquel paréntesis en nuestras vidas, en una burbuja, en aquel dormitorio que conocíamos a la perfección, al igual que su cara, su torso… Un momento que no debía ser contado.

Reconocía su cuerpo a pesar del tiempo que hacía que no nos veíamos y él sabía cómo hacerme disfrutar, también yo a él. En ese momento no nos importaba lo que era correcto y lo que no, todo lo demás sobraba.Estábamos solos. Él y yo.  Recuerdo su sonrisa, su mirada, el amor que aún no había desaparecido entre nosotros, la ternura con la que me tocaba, con la que me sonreía. No había cabida para nada más en aquella habitación. Un rincón encantado que tantos años atrás habíamos disfrutado juntos, pero esta vez era diferente. Esta vez no era como siempre. Era especial. Sabíamos que teníamos que volver a nuestra nueva realidad, una realidad en la que nunca había reparado antes pues prefería no imaginarme en una situación distinta, pues él ya no estaba en ella.

Las migajas del amor se conservaban entre las sábanas, entre los besos que extrañábamos, entre las caricias que jamás volverían, entre las miradas de complicidad que desaparecerían con el tiempo. Se trataba del punto y final que necesitábamos, un momento que recordaríamos para siempre pero que supondría un paso hacia adelante para nosotros, para no volver a mirar hacia atrás. Vivir el momento, vivirlo intensamente sin importar en las consecuencias. El tiempo pasaba sin apenas darnos cuenta e imágenes del pasado venían a mi mente pero trataba de expulsarlas y concentrarme en el aquí, como siempre. Quizás no podía haber un cierre mejor para aquella relación. Una habitación llena de complicidad que quedaría en el recuerdo. En nuestro recuerdo. La pluma escribía el final de un bonito episodio para poder iniciar una nueva página.

Carpe Diem.