Antítesis de mí (II Parte)

 

Por Cris

Phoenix Park (Dublin)

Al cabo de un rato Sofía y yo nos marchamos a casa. Pedro había recogido todo y la casa estaba impecable. Esa noche nos fuimos a dormir temprano y al día siguiente, como cada domingo, nos fuimos los tres a hacer un pic nic en un inmenso parque a las afueras de nuestra ciudad. Era un lugar muy bonito, muy verde, lleno de flores, donde se podía observar a diferentes familias pasando el día, reuniones de amigos, otros grupos jugando al fútbol. Era un lugar idóneo de reunión. A Sofía le gustaba que nos acercáramos al estanque para darle de comer a los patos. Le gustaban mucho los animales. Así que nuestros domingos los pasábamos allí. Además, en primavera se estaba estupendamente. A mí me relajaba mucho y disfrutaba al ver a Sofía correterar y buscar amiguitos.

Al día siguiente, después de volver del trabajo y de acostar a Sofía me dispuse a ordenar mi dormitorio. Abrí el último cajón de mi mesita de noche y vi otros sobres. Algunos abiertos, otros cerrados. Me senté al filo de mi cama y cogí los que estaban abiertos: “Querida Ana, llevo sólo cinco días en Michalowo y sé que este lugar te encantaría. Es Michalowomuy pequeño y tiene su encanto. La gente es excepcional. Creo que voy a poder realizar un buen documental en el centro de acogida. Los voluntarios son muy simpáticos y yo he decidido involucrarme aun más y me he hecho voluntario. Ya que voy a pasar aquí un par de años creo que podría darle un mejor punto de vista. Ya me han dicho que hay muchos pueblecitos cercanos que iré visitando poco a poco. Tiempo tengo. Juanmi es un cámara magnífico y sé que estará a la altura pero creo que nosotros nos compenetrábamos mucho mejor. No sé por qué no estás aquí conmigo”.

Suspiro después de leer la carta. Esa fue la primera que me mandó hacía ya seis años y habíamos perdido el contacto. Por mi culpa, por supuesto. Fui yo la que nunca le respondió una carta. Cogí otra carta y comencé a leerla. “Ana, este lugar es fantástico. Los niños me agradecen cada cosa que hago por mínima que sea. He descubierto que me encantan los niños. Me gusta compartir tiempo con ellos. El documental está quedando muy bien. Imagino que habrás encontrado otro trabajo y no tienes tiempo de responder. Me gustaría saber cómo estás y qué estás haciendo. Te echo de menos”.

Unas lágrimas comienzan a caer por mi mejilla. ¿Por qué había decidido releer aquellas cartas? Yo tenía lo que quería. Nadie me había obligado a hacer nada que no quisiera. Hice lo que tenía que hacer. Tomé una decisión y ahora tenía una familia a la que quería por encima de todo. Sofía era mi vida y Pedro me daba todo su amor y su cariño. Yo me había entregado a él. Me estaba empezando a sentir egoísta, quizás no lo merecía. ¿Por qué ahora?

Tenía muchos sobres abiertos donde Javier me explicaba cada trayecto,

cada avance del documental. Pero llegó un momento en el que decidí no abrir ninguna carta más. En realidad le envidiaba. Él estaba cumpliendo mis sueños. Él estaba haciendo lo que yo quería. Es cierto que fui yo la que rechazó el trabajo, podría estar allí con Javier. Quién sabe, quizás hubiésemos terminado juntos. Tuve la mala suerte de enamorarme justo un año antes de que mi jefe me propusiera ir a Polonia a hacer el documental que Javier estaba haciendo.

Comienzo a abrir los sobres cerrados. En cada sobre había una

Por Cris

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fotografía de él en un lugar diferente, a cada cual más impresionante, con unas puestas de sol alucinantes, unos bosques hermosos, unos niños con una sonrisa radiante. En esos sobres ya no venían cartas, a cada fotografía le acompañaba una breve descripción y su respectiva fecha. Sabía que Juanmi había tomado las fotografías, él era muy bueno. Abrí un álbum de fotos que ambos habíamos hecho antes de que se marcharan. Había fotos realizadas por ambos y Javier salía en ellas. Javier era más bien el modelo intrépido. Salía guapo en todas las fotos.

Sigo abriendo sobres y entonces me encuentro con otra carta. “El documental ha terminado. Me encantaría mandarte una copia pero como no estoy seguro de si estás recibiendo mis cartas prefiero no hacerlo. Pásate a ver al jefe en unos días y él te lo enseñará antes de que lo retransmitan. He decidido que no voy a volver a España. Estos dos años me han ayudado a ser mejor persona, a involucrarme aun más con la sociedad. Siento que aún me quedan muchas cosas por hacer antes de volver. Trabajaré de freelance. Al jefe le parece muy bien. No tengo un destino fijo. Mi idea es ir de aquí para allá e introducirme en las diferentes culturas. Esto me llena. Sé que a ti también te llenaría. ¡Maldita Ana! No puedo fingir más que no te echo de menos. Me encantaría que estuvieras aquí y compartir esto contigo. Sé que lo deseabas”. 

imagesSe me hace un nudo en la garganta y empiezo a llorar desconsoladamente. Cuando mi corazón me lo permite abro una más: “De Polonia me vine a Hungría. Otro país maravilloso. Creo que voy a dejar de mandarte cartas. Sé que las recibes. Siempre lo he sabido pero quería que vieras las cosas que habías dejado escapar por un romanticismo de un año. PD. Tu hija es preciosa”.  Esta carta me la había mandado el año pasado. ¿Cómo sabía que tenía una hija? Y, ¿cómo sabía que era preciosa? Hacía tiempo que yo había perdido el contacto con el jefe y con los amigos que teníamos en común. Ya no había más cartas que leer. Cerré el cajón y comencé a pensar. Pensar era algo que solía hacer pero al parecer, tampoco se me había dado muy bien.

Esa noche yo estaba muy seria y pensativa. Pedro y yo estábamos viendo una película y él se dio cuenta de mi cambio de actitud. Paró la película y me preguntó. Yo no quería hablar pero estaba a punto de estallar. No sabía si empezar porque había cometido el mayor error de mi vida no yendo a Polonia, por venirme a vivir con él, por casarme o por concebir una vida familiar cuando sabía que aún me quedaban muchas cosas por hacer.

Antes de que una palabra saliera por mi boca estallé en lágrimas y él me abrazó fuertemente. Me besó en la cabeza y me dijo que lo sentía. Yo sabía a qué se refería. Sentía que yo hubiese cedido en todo y haber sacrificado mis sueños. Entonces me confesó que él le había mandado una carta a Javier con una foto de Sofía, donde tan sólo escribió “Sofía, la hija de Ana”. Me sorprendí bastante y también me enfadé. No sabía exactamente por qué estaba tan molesta con mi marido por decirle la verdad a Javier. Pensaba que él no era consciente de esas cartas. cartasYo siempre me ocupaba de abrir el buzón y esconderlas antes de que él las viera, como si de un amante se tratara. Le pedí perdón, pero él, tan bueno y comprensivo como siempre, me dijo que no me preocupara por ello. Entendía de verdad cómo me sentía. Y me dijo que había mandado aquella foto para que no volviese a mandarme más. Sabía que aquellas cartas me hacían daño. Ambos, callados, continuamos viendo la película.

Al día siguiente, al dejar a Sofía en el colegio recordé que aún me quedaba un sobre por leer. Abrí la guantera del coche y cogí el sobre con fecha de este mismo año: “Ana, tengo algo que decirte. Me caso. En Budapest conocí a la segunda mujer de mi vida y no quiero que siga habiendo más. He descubierto que es aquí donde me quiero quedar. Me complace invitaros a ti, a Pedro y a Sofía a mi enlace. Sería un placer volverte a ver. No me falles esta vez. Sin más. Un beso y un abrazo enorme. Tu amigo Javier.”

Al llegar al restaurante le dije a Pedro si podía recoger a Sofía, yo tenía algo que hacer antes de ir a casa. Al acabar de trabajar, hora y media después, me encontraba en la puerta de mi antiguo trabajo. Mis antiguos compañeros me saludaban felizmente. Lo cierto es que siempre me había llevado muy bien con todos. Por fin llegué a la mesa del jefe. Él abrió los brazos para abrazarme. Recordé nuestra última disputa en la que, en parte, fui despedida. Me puso contra la espada y la pared. O me iba con Javier a trabajar en el extranjero o me quedaba en la calle ya que estaban haciendo recorte de personal. Entonces fue cuando Pedro me ofreció trabajar con él. Haber optado por irme hubiese cambiado completamente mi vida.

Abracé a mi jefe. Realmente nos teníamos mucho cariño. Perdimos el contacto al marcharme, pero también me culpo de ello. Tenía buenas amigas en el trabajo pero me recordaban a aquella oportunidad que dejé escapar y de la que siempre me arrepentí. Me enseñó un pen y me dijo que entrara en su despacho para que viera el documental que Javier había grabado en Polonia. Le dio al play y se dirigió hacia la puerta. Me dijo que cuando terminase de verlo dejara mi Currículo en su mesa. Entonces me guiñó un ojo y cerró la puerta.

Me senté allí durante dos horas hasta que llegó la última cita del documental. Jamás dejes que las dudas paralicen tus acciones. Toma siempre todas las decisiones que necesites tomar, incluso sin tener la seguridad o certeza de que estás decidiendo correctamente”. P.C.

F I N

Antítesis de mí (I Parte)

Existen decisiones que has de tomar de manera instantánea. Nada de pensarlo dos veces. Aceptar lo que se nos presenta. Tomar las riendas de tu vida y decidir que eso es exactamente lo que quieres hacer en ese preciso momento. Ver la oportunidad que se nos ofrece y tomarla. Sin embargo, existen otras decisiones que has de pensar más detenidamente pues, tomar esa opción y no otra, puede llevar a que tu vida cambie por completo y no puedas dar marcha atrás. Pero, ¿dónde está el equilibrio? ¿Cómo saber si esa opción que se nos presenta es la que has de tomar? A veces pienso que debería existir un ser ahí arriba para decirte lo que está bien y lo que no. Para que te diga qué decisión es mejor pensarla dos o tres veces y cuál aceptarla de inmediato. A veces pienso que no soy feliz y eso me entristece. Sigue leyendo