Una vez más, conseguido

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Y sigo cumpliendo sueños, me siento privilegiada al poder decir esto últimamente, y es que, volver a escuchar/ver un directo de La Oreja de Van Gogh no deja de ser una ilusión hecha realidad. Todo comenzó en el día de ayer cuando Mj Reyes, Esther Mho y yo nos encaminamos hacia Sevilla para dicho cometido. Como íbamos con tiempo y bien tranquilas, pues los asientos estaban numerados, nos quedamos paseando por mi querida Sevilla donde también tuve tiempo de estar un rato con un par de amigas antes de dirigirnos a Fibes, donde se celebraría el acontecimiento.
Casi se nos echa el tiempo encima, ya que el autobús que nos dejaría en el hotel, tardó 15941091_1368985359810588_3902976633175861232_nmás de lo previsto. Aun así, lo conseguimos, y a las 21:00 horas ya nos encontrábamos en nuestros asientos preguntándonos una y otra vez cómo era eso de vivir un concierto sentadas… Pronto descubrimos que no era posible. A decir verdad, solo nos sentamos en un par de baladas, ya que un concierto hay que vivirlo, saltar, cantar y bailar 🙂
 
La Oreja llegó a congregar a un elevado número de personas, me atrevería a decir que logró el lleno absoluto ya que no vi una silla libre. Personas más mayores, jóvenes, niños, ambiente familiar…De todo un poco. Un ambiente perfecto para pasarlo genial.
 
Comenzaron tocando ‘Estoy contigo’ del nuevo disco, El Planeta Imaginario. Continuaron con otros clásicos volviendo a las nuevas, aunque les faltaron algunas como ‘Cuando menos lo merezca’, ‘Mi pequeño gran valiente’ o ‘Siempre’, del nuevo disco. Claro que no se pueden tocar todas, y menos, cuando cantan bastantes de las antiguas y las imprescindibles, como ‘La Playa’, ‘Cuídate’, ‘París’, ’20 de enero’. ‘Rosas’, ‘Inmortal’, ‘El último vals’ o ‘Cometas por el cielo’. Aunque me sorprendió, para bien, que cantaran ‘Europa VII’ o ‘La visita’. 

Por supuesto que, ‘La Playa’, fue la que más me conmovió, por supuesto, ya que es mi canción preferida y la que siempre me da un pellizquito. También me sorprendió que cantaran ‘Palabras para Paula’, una preciosa canción que le dedican a sus hijos y que canta Leire y a la guitarra Pablo. Tampoco faltó ‘Jueves’, la canción dedicada al atentado del 11-M, con Xabi al teclado. Y, para dar un poco más de ritmo al asunto, también sonaron ‘Deseos de cosas imposibles’, ‘Puedes contar conmigo’ o ‘La niña que llora en tus fiestas’, éxitos del tercer disco, Lo que te conté mientras te hacías la dormida, las dos primeros, y del sexto disco, Cometas por el cielo,  la tercera.

Un subidón de adrenalina darlo todo en el concierto y ver que ellos también se vuelcan con el público. Bonito gesto el de un seguidor que en la canción de ‘Rosas’, le regaló una rosa a la cantante y entonces Leire, como muestra de agradecimiento, le dedicó la canción.

Al acabar el concierto aún no teníamos ganas de marcharnos a casa y yo tenía en mi mente que tenía que volver a saludar a ‘mis ídolos’. Además, tenía esa ilusión de que me volvieran a firmar un disco, en este caso, el último, por lo que sin dudarlo lo eché en el bolso. Así que con un poco de paciencia terminamos entrando en la sala y hablando con ellos. De nuevo se repetía la misma historia que en 2011, aunque en esta ocasión, nos dejaron bastante más tiempo y ellos se involucraron mucho más. Además, la otra vez, la pobre de mi hermana se llevó un par de horas esperándome en la puerta. Esta vez, entró conmigo. Muy simpáticos me firmaron el disco y comentamos el concierto, con la consiguiente promesa de volver a vernos …pronto. 
Así, aunque haya pasado ya casi 20 años desde que comencé a seguir a este grupo (desde sus inicios), aún sigo conservando esa ilusión de niña pequeña cada vez que los vuelvo a ver, y más aún, cuando sé que voy a poder entablar una conversación con ellos. 
Sí, soy Orejera, ¿y qué?
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Somos emociones

Un mar de incertidumbre pasea entre las calles, una noticia, que no suceso, cae como un jarro de agua fría entre aquellos servidores de la información, y ahora, el futuro es incierto para todos. Aunque los aromas de la tempestad se hicieran notar, no quería pensar que fuera verdad. No estamos aquí para siempre, lo digo ahora y lo he dicho muchas veces. Caminantes en un mundo en el que las piedras aparecen pero siempre se consiguen saltar, y siempre, siempre, gracias a los que alargan los brazos para hacer de tu sueño una realidad. Mensajes de apoyo, sonrisas, encuentros, la palabra ‘oportunidad’ aparece por cada esquina o aparecerá. Pero no somos robots, somos emociones. Los lazos construidos serán difícil de desatar igual que el aprendizaje que me llevo de esta magnífica experiencia.  

El bolígrafo no se ha quedado sin tinta, ni la impresora sin papel, y este es tan sólo un reportaje más que escribir sobre nuestras vidas. Recuerdo aquel último examen de la facultad, ‘Periodismo de Viajes’, me costó mucho estudiarlo por la carga emocional que suponía que fuera ‘el último’, y hoy puedo asemejarlo a la página 6 de ayer.

Pero no es sólo lo que hemos escrito sobre el papel sino lo que hemos escrito en la calle, en las ruedas, en ‘el sitio’, en la casa de todos, en los bares, en el teatro, en los museos, en la playa, en los hoteles, en el río, en las avenidas, en las bodegas, en las asociaciones…Y entre tanto, un sinfín de personas se daban a conocer, personas movidas por una inquietud, por un fin social, cultural, deportivo o político, para hacer de Chiclana, una ciudad mejor.

Así, hago un guiño a mi blog ‘conoceresaprender’ o ‘conociendomundo’ para los amigos, y es que, para conocer lo que hay fuera primero es conocer lo que hay dentro. Yo he conocido y he aprendido de grandes y maravillosas personas. Desde aquellas que me enseñaron que existe el amor por ayudar a los demás sin recibir nada a cambio (¡cuántos titulares con la palabra solidaridad habremos escrito!) hasta el detalle de no hacer sólo fotografías horizontales y que, las verticales, importan.

Ahora emprenderemos caminos diferentes, y esto es lo que me produce mayor tristeza, que hoy no estemos ya reunidos aportando ideas sobre lo siguiente que vamos a sacar. Espero y deseo que volvamos a coincidir porque un barco sin marineros, deja de ser un barco.

¿Una copita? Mejor dos.

 

 

Cada cuál decide cómo invertir su tiempo

La mayoría de las veces los planes inesperados son los mejores y es que, planear no siempre conlleva el resultado deseado aunque, a decir verdad, planificar un viaje también te llena de ilusión y felicidad, así no sólo se disfruta los días en los que tiene lugar el viaje sino los días ( o meses) anteriores.

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Volver

corazón

Un lugar de reencuentro, al que volver, del que un día te marchaste a sabiendas que volverías. Un lugar que siempre quisiste dejar pero no olvidar, querer, pero no aferrarte a él. Un lugar ligado a tantos recuerdos y, sobre todo, a personas, al que jamás dar la espalda pero tampoco abrazar de manera prolongada. Un lugar lleno de alegrías pero también de nostalgia, efímero y para nada eterno. Un lugar en el que disfrutar pero sabiendo que lo quieres cambiar y del que te necesitas desprender. Un lugar al que querer echar de menos pero también regresar. Marcharte para volver. Siempre y de momento, volver.

Un lugar que lo hacen las personas y sus sentimientos, siempre moviéndote en círculos para encajar, relacionándote con diferentes personas para crecer, aprender y madurar, pero con un espacio reservado para los de siempre, los de siempre. Algunos, la mayoría, vienen y van, todos aportando su granito de arena, algunos con un peso mayor que otros, a algunos los dejas ir sin más, a otros les das las gracias por haber estado o por estar. Momentos irrepetibles, felices, donde la alegría baña los días y las anécdotas hacen el resto. Un lugar que te recuerda quién eres, quién fuiste, una frase: “el presente de un futuro pasado”.  Un lugar que te vio crecer, que te dio grandes momentos aunque también te los robó.

Pensamientos que se diluyen con el paso del tiempo y dan paso a otros nuevos, a veces con mayor miedo, a veces con valentía. Expectativas estancadas y, a veces, anuladas. Sentir que te pierdes o no querer estar donde estás, querer huir, como siempre quisiste, pero que algo te retenga, pensar en el mañana como si esto fuera eterno y no saber dar ese paso hacia adelante y volar. Arrepentirte, gran error, abrir los ojos y dar rienda suelta a tu imaginación, librarte de las cadenas y hacer lo que siempre quisiste hacer:  vivir.

Acciones cotidanas, sonríe a la vida

A veces nos ofuscamos y vemos lo peor de las cosas, de la vida y lo que nos sucede (algo negativo) en un minuto puede durar horas, días, semanas e incluso meses. Todo es cuestión de cómo veas el vaso. No todo es negro, seguro que en un día de lo más normal, un día como otro cualquiera puede pasar algo que por muy pequeño que sea puede llegar a ser muy significativo dependiendo del momento en el que llegue. Es entonces cuando recuerdo esos paseos, bajo la lluvia o no, con mi perro o sola, cuando sin buscar la mirada de nadie, te topas con una y te regala una sonrisa. Un desconocido o una desconocida te ha hecho un regalo que ni ellos saben lo que ha significado para ti. Algo tan “insignificante” para otros pero que, como dicen los ingleses, make your day, algo así como que “te alegran el día”. Quizás algunos no valoren estos gestos y yo sea una mera observadora de lo cotidiano pero estando triste o no, esa sonrisa genera una gran felicidad en mí.Cris en Rylane

A otros pueden molestarle que una persona desconocida se acerque y comience a entablar una conversación contigo. A mí me apasiona, quizás, cuando se vaya, se le puede tachar de loco según las ocurrencias que te haya contado pero quizás, esa persona te ha abierto un poco la mente y te ha dado su perspectiva sobre la vida, te ha contado cosas que has llegado a poner en duda pero que ciertas o no, están ahí y no hay un motivo oculto detrás. Para mí siempre será agradable conocer a personas nuevas.

Gestos que no hacen daño que, al contrario, te ayudan a ser mejor persona porque, gusta recibir pero también dar. Intercambio de favores. También recuerdo aquella persona ciega que me cruzaba por Los Remedios en Sevilla un día sí y otro no. Le ayudé una vez a cruzar la calle y desde entonces cada vez que pasaba por su lado sabía que era yo, me saludaba y mi peculiar ¡adiós Antonio! no podía faltar.

También me emocionan los gestos de terceros que nada tienen que ver conmigo pero que, como observadora y, sobre todo, como persona, me llenan al verlos. Hace poco vi un vídeo de un experimento sobre unas niñas que hacían bullying a otra chica, los roles no podían ser más típicos, niñas malas y niña inocente e indefensa al otro lado. Unos señores que como ella esperaban el autobús le invitaban a acercarse a ellos, a ignorar a las otras e incluso le distraían con sus historias. Cosas que se deberían de dar por sentadas, por básicas pero no todo el mundo se comporta igual, quizás por ello me emocionen aún más estos actos.

Buscando y buscando se pueden encontrar muchos momentos que te den felicidad que te hacen revivir momentos felices y te suben la adrenalina. Hace poco entrevisté a un fotógrafo y me dijo que hacer fotos le producía placer pero que cuando otra persona apreciaba su arte y le decía que le gustaba su trabajo era como si se cerrase el círculo. Lo mismo me ocurre a mí como periodista, me gusta escribir pero también se siente bien una cuando le felicitan por su trabajo (él lo hizo). Son sólo detalles que algunos sabemos valorar. Estamos acostumbrados a las reprimendas, a que nos digan lo que está mal pero son pocos los que por el contrario te premian con unas palabras de agradecimientos (y estas palabras las extraigo también de mi charla con este fotógrafo ya que comparto con él su punto de vista). Al fin y al cabo son personas (las entrevistadas) desconocidas que hacen que descubras cosas nuevas, te despiertan inquietudes o simplemente compartís una manera de ver las cosas durante un rato. También bienvenida es la confrontación cuando ambas partes saben dialogar. Se aprecia.

Tómate un tiempo y trata de pensar en las buenas acciones que día a día acontecen a tu alrededor. Una profesora (estando en el instituto) nos invitó a escribir en un cuaderno las cosas buenas que nos habían pasado y, por otro lado, las malas. La primera lista ganaba por goleada aunque había varias cosas feas con peso en la segunda. Aun así, la primera era bastante larga. Se trató de un ejercicio de clase que se entregaba de manera anónima y fui la única que lo entregó…El cuaderno no lo encuentro pero hace poco he vuelto a retomar la lista. Es un simple ejercicio que invito a hacer…

12043167_10207753726270875_1134304907861164139_nEscribo sólo lo que se me va ocurriendo ahora pero seguro que si eres una persona empática podrás sonreír al leerlas.

Coger a un bebé en brazos, acariciarle sus manitas; ver el atardecer; pasear con tu pareja, despertarte con ella; ver que a alguien se le ha caído algo en medio de la calle y le llames para devolvérselo; ver que a una niña pequeña se le vuela el gorro por el viento en la playa, salir corriendo para cogerlo y que te de las gracias con su dulce voz; que en una enorme caravana de coches te encuentres en una calle de la que es complicado salir y alguien te sonría y te de paso con un movimiento de mano; sentarte al lado de tus abuelos y escuchar sus batallitas; hacer un Skype con personas a las que adoras y se encuentran a miles de kilómetros y que el pequeño abrace la tablet al ver tu cara; tontear con tu hermana y con tu perro para pasar el tiempo; estar trabajando, concentrada pero de repente notas una presencia perruna cerca y decides dejarlo todo por unos segundos y abrazarle con todas tus fuerzas; tomar un café mientras comentas la vida con tu mejor amiga; planear viajes futuros con tu pareja y amigos; sonreír durante una comida familiar dando las gracias por estas reuniones (el rostro de mi abuela pasa por mi cabeza); estar trabajando en algo que te gusta en buena compañía; que confíen en ti en el trabajo y en tu día a día; abrazar y besar a tu madre porque sí; ver que ella te ha dejado la comida lista o te ha comprado cualquier cosa porque sabe que no vas a pasar el día en casa; pasar un día con tus padres para celebrar algo, cualquier cosa; esos reencuentros amistosos; que tu prima confíe en ti para dejarte a su bebé; compartir palomitas en el cine con la persona que esté a tu lado; encontrarte con alguien de habla inglesa y poder responderle; introducirte en una conversación de desconocidos en la que no has sido invitado con intención de ayudarles (a sabiendas que puedes estar metiéndote donde no te llaman) pero recibir un gracias y una sonrisa como respuesta; ir en tu coche y que de repente pongan tu canción favorita o música que te recuerde a un momento concreto; cantar con el sing star las canciones de siempre con los colegas; que sin motivo alguno tu tía te diga que te ha comprado un libro porque se ha acordado de ti al ver sobre qué iba; que un niño al que acabas de conocer y con el que has pasado tan sólo tres minutos se acerque de nuevo a ti corriendo para decirte que se tiene que marchar y te planta un beso.

Acciones cotidianas, no difíciles si te abres al mundo. Por cierto, la última, me ha ocurrido hace menos de una hora.

#Vasomediolleno #Vive.

Aquellas fotos

 

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Hoy en día las fotos pierden mucho sentido, ¿no?

Vamos a la playa con nuestros amigos, hacemos fotos. Vamos a almorzar, hacemos fotos. Estoy jugando con mi perro, hacemos fotos. Estoy leyendo un libro, hacemos fotos. El final de cada frase se podría apellidar con “un día cualquiera”. Un día cotidiano sin más, fotografiado no para ser guardado y visto posteriormente sino para ser compartido instantáneamente y aumentar tu ego con un sinfín de “Me gustas” de Facebook. Es lo que se suele pensar.

Una crítica que se podría volver en menos de un segundo en mi contra pues soy de esas, quizás estoy en la media, algun@s se pasan subiendo fotos pero ¿dónde está el equilibrio? ¿Quién dicta los límites? Que cada uno haga lo que crea conveniente.

Mirando el lado bueno de las cosas, creo que tiene una función muy positiva (sí, suelo pecar al tratar de ver siempre este lado, ya me lo tienen dicho sobre todo cuando hablamos de personas). Pasan los años, pasan muchas personas por tu vida, personas con las que pierdes el contacto y ya dejan de importante, de esas hay muchas ¡creedme! Pero también hay otras, quizás no tantas aunque sí suficientes a las que te gustaría sentir cerca, muy cerca y por el motivo que sea no puede ser así. Pasamos por muchas etapas a lo largo de nuestras vidas, vivimos en diferentes lugares y vamos dejando huella allá por donde vamos y, lo más importante, tú te quedas marcada por esas personas. Eso es vivir. Y a mí me encanta, de ahí mi conociendomundo.

Yo soy de esas a la que le gusta mantener el contacto, soy de esas que se enamora de las personas fácilmente (no en el término romántico del enamoramiento), soy de esas a las que le gusta ver cómo les va a aquellos que sembraron algo en mí. No hablo de un contacto de un “todos los días” ni mucho menos, eso dejó de existir, no tenemos dieciséis…Pero sí que me gustan las relaciones personales. Mucho. Quien me conoce, lo sabe bien.

Pero volviendo a las fotos…aunque prefiero #viviraldía hay días que te encuentras con sorpresitas provenientes del pasado que te hacen pensar aunque, lo más importante, te hacen sentir. Sí, ese efecto lo siguen teniendo las fotografías, sobre todo, la sucesión de ellas montadas en un vídeo que hiciste con todo “tu amor y tu cariño” y que a día de hoy, poco deberían significar. Pues hoy esos vídeos me han hecho retroceder, han hecho que me traslade a unos años atrás (no tantos) y han hecho que sienta lo que sentía entonces: el primer año de carrera, la primera vez que te vas a vivir fuera de casa, las primeras convivencias, conocer a nuevas personas con las mismas pasiones que tú, descubrir tus gustos, lo bueno y lo malo de las convivencias, no tener prisa y quedarte en casa de tus amigos después de un día de fiesta, tomarte la vida con calma (y con prisas en época de exámenes) pero no sólo me centro en mi época universitaria, después viví otra etapa maravillosa y muy diferente donde mi “little monkey” era el protagonista. Cómo agradezco haber hecho tantas instantáneas a este pequeño, tantos vídeos…Vuelvo a emocionarme cada vez que veo todo esto y me vuelvo a repetir, vuelvo a sentir lo que sentía entonces. Puede ser un poco masoquista pero me gusta y uno de mis mayores miedos es olvidar.

¿Merece la pena fotografiar los momentos? Para mí la respuesta es clara. Aunque sea una persona centrada en el presente a veces me gusta recurrir a estas cajas de recuerdos, a aquellas etapas de mi vida que me hicieron muy feliz. Y si encima puedo compartirlo aún con ciertas personas para revivirlo ya que no puede ser en persona, quizás sí que merece la pena.

 

¿Jugamos al escondite?

La mañana del sábado recibí una llamada. Era mi amigo Luis quien había reunido a varios amigos para que jugáramos al escondite. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos por eso me sorprendió aquella llamada. Yo tenía 14 años y ya empezaba a notarme unos kilitos de más; la play station me estaba robando parte de mi infancia y el whatsapp empezaba a eliminar parte de las buenas habilidades comunicativas que siempre había tenido.

Aquella llamada me hizo muy feliz. Mi mejor amigo quería que volviéramos a ser lo que éramos, a hacer lo que solíamos hacer: jugar a poli y ladrón, al escondite, con suerte quizás jugábamos un partido de fútbol o al matar. Me preparé con mis pantalones cortos y mi camiseta del Barcelona. No me importaba que la hora de quedar fueran las cinco de la tarde. ¿A quién le importaba la hora? Por fin, después de unos meses sin ver a mis amigos les vería. Últimamente estaban muy ocupados aunque siempre En línea, no lo entiendo.

Llegó el gran día. Saludé a Susana, Ana, Emilio, Javi, Luis, Enrique y Alicia. Nos dio mucha alegría vernos, nos abrazamos y desde el principio comenzamos a sonreír. Había olvidado qué era reír con tus amigos y contar las típicas anécdotas del colegio. Las más tontas, las mejores. Me sentí vivo de nuevo, rodeado de mi gente, me sentí ridículo por haber dejado de hacer estas cosas durante tanto tiempo. Había olvidado lo guapa que era Susana, su foto perfil no le favorecía demasiado pero no iba a ser yo quien se lo dijera, tampoco a través del móvil, todo se puede malinterpretar. Ahora tenía la oportunidad de decirle lo guapa que me parecía en persona. 

¡Qué mala suerte tuve! Me tocó a mí quedármela. Tampoco quise hacer un drama de aquello, por fin íbamos a jugar juntos. “Uno, dos, tres, cuatro..” A los veinte segundos ya no había nadie cerca. Sabía que me lo iban a poner difícil. Eran chicos muy listos. Miré en los lugares donde pensaba que podían estar pero nada. Debían haberse escondido muy bien. Después de una hora empecé a estar cansado. No veía a nadie. Me había hartado de correr así que decidí entrar en un bar que estaba muy cerca de donde nos habíamos reunido para pedir agua, cual fue mi sorpresa cuando los vi a todos allí sentados mirando hacia abajo. Todos y digo TODOS estaban con sus respectivos móviles y no parecían estar muy cansados. De hecho, no estaban cansados, ni una gota de sudor les caía por la frente. Yo en cambio, parecía que venía de una maratón. Ellos no se percataron de mi presencia hasta que me planté delante de ellos. Luis miró hacia arriba y me dijo: ¡Hombre por fin! Te escribimos por whatsapp para decirte que hacía demasiada calor para jugar. Ana quiso intervenir: Ya os dije que no tenía el doble tick azul.. Al escucharles me sentí totalmente decepcionado. A nadie parecía importarle realmente que estuviera allí o no. Susana me cogió del brazo y me dijo: ¡Por fin estás aquí! ¡Ya nos podemos hacer la foto todos! Javi bromeó diciendo que era muy pesada con las fotos pero después de hacérnosla le dijo que se la pasara lo antes posible para subirla con algún filtro guapo.

Después de aquella mini conversación todos volvieron a agachar sus cabezas y el silencio se hizo en el bar, yo había olvidado el vaso de agua. Les miré detenidamente y me encogí de hombros. Quizás ellos tan solo eran víctimas de la sociedad, igual que yo, y ya era tarde para cambiar nuestros hábitos. Solo me quedaba una cosa por hacer, o al menos, así pensaba entonces. Me di la vuelta sin decir nada más y me marché a mi casa, en el bar no tenía la herramienta estrella para estar al día: mi móvil estaba en la mesa de mi dormitorio.

Roles diferentes

Hay personas que llegan a tu vida, juegan un pequeño rol en ella y luego se marchan. 

Pues eso. En eso consiste la vida. ¿Habría un lugar para cada una de las relaciones que establecemos desde que somos pequeños? Las personas, al igual que las olas del mar, vienen y van.  Algunas olas rompen enseguida, otras tardan más en romper, unas son altísimas y otras, sin embargo, casi ni te das cuenta de que son una ola  Sigue leyendo