¿Repetimos?


Ante la mirada de tantísima gente me eligió a mí, una chica normal a la que no le gusta llamar la atención. Había personas interesadas en aquella (aburrida) conferencia. A mí no me interesaba, solo iba a hacer mi trabajo, quizás unas fotos y enseguida me marchaba. No tenía la más mínima intención de quedarme, aquello no era para mí, estoy segura que tampoco para muchos a los que veía bostezar mientras yo hacía mi trabajo. Aquellos hombres hablaban y hablaban sobre temas aburridos. Aquello tenía para largo. Salí a encenderme un cigarro. No había nadie fuera, agradecí este momento de soledad. Comprobé las fotos que había realizado, algunas se salvaban por lo que el trabajo estaba más que realizado pero había decidido tomarme el día con calma. Siempre iba corriendo de un sitio para otro, así que mejor así.

Unos minutos después sentí unos pasos detrás de mí y una grave voz me pidió fuego. Claro que había recaído antes en esta criatura de la naturaleza pues su belleza no pasaba desapercibida. Le pasé el mechero y comenzó a entablar una conversación. Su sonrisa me advertía que no era de fiar. Había conocido a muchos hombres como él. Elegante, con buena apariencia y radiantemente guapo pero no me dejé engatusar, al menos, no al principio. Comencé dándole largas, quería tiempo para mí pero entonces comenzó a decirme que mientras estaba en la ponencia no se podía concentrar debido a mi presencia. Yo me reí ante aquel ‘halago’, lo cual no le pareció muy gracioso. Unos minutos después indagamos un poco más sobre nosotros hasta que acabamos por intercambiarnos los números de teléfono.

Los días pasaban y su rostro no hacía más que asomarse por mis pensamientos pero sin ninguna señal en el teléfono. Tampoco sería yo la que escribiría. ¿A cuántas les habría dicho lo mismo? Un día estando trabajando me llegó un mensaje ‘siento el retraso pero he estado muy ocupado pero no he parado de pensar en ti, en tu sonrisa, en tu forma de hablar…Creo que nunca he visto a nadie así’. Aquel mensaje hizo que me estremeciera, ¿cuánto tiempo hacía que alguien no me decía algo así? Le respondí un poco seca aunque no podía ocultar mi sonrisa y satisfacción por aquel mensaje. Unos segundos después me llegó otro mensaje ‘Creo que tenemos que vernos…Sé que también te apetece…No me engañes’ y me dio su dirección. ¿Debía ir yo? Tras sopesarlo decidí dejar de pensar, siempre le daba muchas vueltas a todo así que por una vez me decidí y me embarqué en aquella aventura. Sentía mariposas por todo mi cuerpo y mientras caminaba no dejaba de pensar en el reencuentro.

No vivía demasiado lejos así que enseguida me encontré en el portón de su casa. De repente, una sensación extraña invadió mi cuerpo pero decidí seguir hacia delante. Llamé al timbre y no habían pasado más de cinco segundos cuando me abrió. Allí estaba él, tan guapo, tan atractivo tan….Él. Comenzamos a hablar de cosas estúpidas, cosa que siempre había odiado, no me gustaba malgastar mi saliva hablando del tiempo o de cosas que realmente no me importaban. Se veía que él tampoco tenía muchas ganas de hablar. Tras un pequeño tour por su pequeño paraíso y tras hablarme un poco de su trabajo, cuando ambos nos quedamos sin palabras, me cogió intensamente por mis brazos y sin perder ningún segundo  me besó. Aquello solo lo había visto antes en las películas, jamás había vivido una situación igual. Sus besos no cesaban y casi sin darme cuenta me hallaba sin ropa sobre su cama, compartiendo un momento de lo más íntimo e inigualable. Las dudas, si las había, se habían marchado, y allí solo quedaban dos torsos desnudos, uno sobre el otro, bailando sobre las sábanas sin ningún tipo de pudor. Duró lo que tuvo que durar pero el éxtasis se consiguió. Sin pensamientos, sin corazón, tan solo el contacto físico y la pasión.

Tras unos minutos en las nubes bajé a la tierra. Miré al lado y solo veía a un hombre acostado en la cama. No existían mariposas, no había un cosquilleo, solo unas sábanas manchadas de lujuria y tentación. Allí faltaba algo más. La satisfacción de aquel encuentro acababa de desaparecer y de repente no me sentí bien. ¿Era aquello realmente lo que buscaba? Quizás, si aquella era mi sensación, no.

Lentamente comencé a ponerme mi ropa y su cuerpo permaneció igual, inmóvil, como si después de haber comido y sentirse satisfecho no le importara lo demás. Apetito saciado y nada más. Tras hacer lo común, ir al servicio y terminar de arreglarme vi que él ya se había levantado y permanecía con su ropa interior. Tan solo me dedicó una sonrisa, aquella que vi el primer día y me di cuenta de que no podría haber nada más pero que aun así quise seguir adelante. Mi elección. Tras una escueta y fría despedida con un beso en la frente supe que no volvería. Aquello no estaba hecho para mí. Yo era más de conversaciones y de hacer el amor con la mirada (para después poder materializarlo), de caricias y de palabras sinceras. Una sensación extraña, que no de culpabilidad pues era una mujer libre, invadió mi ser.

Volví a mi casa no muy tarde y comencé a ver una de mis películas favoritas, de esas de amores imposibles que hacen que te enamores y sientas lo que el protagonista, lo haga bien o no. Unos minutos después me llegó un mensaje ‘ha sido estupendo…¿Repetimos?’. Apagué el teléfono y seguí disfrutando de la película. Quizás no era mi momento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s