….te hace volver

Estos últimos días han tenido mucho éxito algunas fotos que he subido a Facebook de Salento…¡y no es para menos! Así que este post va dirigido a todas aquellas personas que quieran recorrerse el sur de Italia (o una bellísima parte). Así que, desde mi experiencia haré un recorrido por aquellos lugares visitados con mi compañera de viaje, mi hermana.

Cuando llegué a la bella Italia me decían que les hablara de mi tierra, de Andalucía y a mí se me llenaba la boca al hablar de mis playas, las playas de Cádiz y ¡cómo no! De La Barrosa, esa playa que enamora a todo turista que la pisa y a los que aquí vivimos. Había un eslogan que te decía ‘Chiclana te hace volver’, siempre hay que tirarse flores pero para mí es ‘La Barrosa la que te hace volver’. Pues lo que iba diciendo, me enorgullecía (y lo sigo haciendo) pero ahora, después de haber visitado ciertas playas del sur de Italia he de decir que soy una enamorada de ellas. Tenía en mi cabeza que las playas italianas son todas con rocas (nunca entenderé a la gente que se tira en ellas para tomar el sol…) pero poco a poco te vas adaptando a ellas y también descubriendo más sobre estos lugares tan maravillosos.

Antes de venir mi hermana ya había tenido la oportunidad de ir a alguna de estas playas(Punta Prosciutto) de las que voy a hablar pero fue en invierno, por lo que no tiene nada que ver , aunque ya en ese momento me dije ‘¡joder, parece que estoy en Cádiz!’. También había estado en Lecce, una ciudad preciosa a la que tenía que volver y llevar a mi hermana. Así que, al día siguiente de llegar a Molfetta hicimos las maletas y tomamos el tren para Lecce, una ciudad con un centro histórico precioso, donde por cada calle te encuentras algo de arte. Mi hermana se enamoró de esta ciudad. Además, lo bueno de este lugar es que tiene muy buenas conexiones con otras ciudades y magníficas playas. Es cierto que antes de emprender este viaje hicimos nuestras búsquedas por Internet para saber bien a qué playas ir y qué visitar. Todo salió redondo. Llegamos un viernes a media tarde y tras dejar nuestras cosas en un B&B que estaba muy bien situado, a 10 mins del centro (no digo el nombre, aún no me dan comisiones, pero no tengo problema en hacerlo por privado), nos dirigimos al centro. Foto aquí, foto allí y….teníamos que probarlo…Sí, teníamos que probar el ‘pasticciotto’, un dulce típico de allí relleno con crema aunque también puedes pedírtelo mitad con crema y mitad con nutella (yo lo prefiero así). La verdad es que no acertamos con este lugar pues había probado yo uno mejor en Bari, a pesar de que es la especialidad de Lecce (y unos días después hasta probaría otro en Molfetta que a mi hermana le encantó). 

Por la noche decidimos ir a cenar a un bar recomendado por algunas amigas italianas donde te ponen unos ‘puccias’ (bocatas) muy ricos. Tú puedes elegir qué añadir.  Todo un acierto. Posteriormente nos fuimos a tomarnos un ‘spritz’ y una ‘tenents’ a un pub un poco más ambientado para disfrutar de la música mientras nos poníamos al día de nuestras cosas.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para dirigirnos a….¡Gallipoli! También la parada estaba muy bien ubicada (a 12 mins de nuestro B&B). Justo al lado de la Cámara de Comercio. Allí tienes la opción de comprar los tickets en un puestecito que hay justo al lado de la parada o comprarlo en el propio autobús (un euro más caro). Las líneas 104 y 108 son las que  te llevan a Gallipoli (también a otros lugares) pero es recomendable tomar la 108 ya que llegas en una hora (con el otro tardas el doble). Nos aconsejaron bien.  

Y…tatatachán! Allí estábamos. Antes de visitar el centro histórico queríamos ir a la playa, ya que es lo más famoso de este lugar…Así que nos dispusimos a buscar el lungomare. ¡Qué maravilla! ¡Qué vistas! El agua cristalina, aquello parecía el paraíso. Podíamos habernos quedado allí mismo, en la zona de las rocas pero nos habían hablado de ‘Baia Verde’, así que muy valientes nosotras nos dispusimos a andar, andar, andar y a andar hasta dar con el sitio. Lo cierto es que podíamos habernos quedado en otras playas pues todas son maravillosas pero ya que nos la habían aconsejado queríamos llegar hasta el final (tras 3 kms a pie lo conseguimos). Una buena opción hubiese sido alquilar una bici, cosa que no hicimos, no lo pensamos bien, y estoy segura de que también tiene que haber otros transportes para llegar pero nosotras queríamos caminar (bajo unos 40 grados). El ‘paseo’ tuvo su recompensa. Tumbonas, ‘spritz’, postureo, snorkel, buena compañía. Eso es otra, nos hemos encontrado a gente (como solemos decir), ‘muy buena gente’, siempre con muy buena intención por ayudar y entablar un poco de conversación. Buenas vecinas de tumbonas. Y es que solo puedo tener buenas palabras para la gente que estoy conociendo del sur de Italia.

A una hora prudente decidimos  levantar el campamento e ir caminando hasta el centro, esta vez, conocedoras del camino, se nos hizo mucho más rápido. Además, hasta nos dimos un baño entre las rocas con una mujer que conocimos allí y con la que pasamos un buen rato hablando sobre nuestras vidas.  Después continuamos hasta el centro de la ciudad… ¡Precioso! Eso sí, muy turístico pero precioso. Calles llenas de tiendas, de bares, muchas opciones para poder sentarte un rato. Al final nos decidimos por un restaurante al que ya le había yo echado el ojo (pues vi a una pareja que estaba comiendo algo que no sabía bien qué era pero ‘se me antojó’).  Un vinito para cada una y…a comer tranquilas…No, no. Esto no es verdad. No fue tranquila la comida a pesar de que todo estaba delicioso pero teníamos muy poco tiempo ya que debíamos coger el autobús de las 22.18 y a las 21.30 aún estábamos allí decidiendo qué vino tomar (como si fuéramos unas expertas). Es cierto que había otro bus sobre las 00.00 pero como queremos hacerlo todo teníamos pensado después de este viaje salir por Lecce….y bueno, no es que el centro de Gallipoli esté muy cercano a la parada del autobús…Quizás tranquilamente puedes tardar una media hora pero nosotras lo hicimos en 10 mins corriendo.
A pesar de todo lo cogimos a tiempo, llegamos al hostal, nos duchamos, lo pensamos y…¡salimos! Descubrimos un lugar con muy buenos precios, chupitos a un euro y mojitos a dos. No se podía pedir más. Bueno sí, que nos invitaran, y así sucedió. Tras sentarnos y hablar tranquilamente con unos ‘nuevos y extraños amigos’ decidimos que ya era hora de dormir. La cama nos llamaba.

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Al día siguiente decidimos ir a Otranto (con acento en la o), otro lugar del que nos habían hablado maravillas. Tomamos la línea 106 y en una hora estábamos allí. En primer lugar nos decepcionamos al ver una pequeñísima playa, sabíamos que la playa de allí era pequeña, nos lo habían comentado pero aquello…Aquello nos decepcionó. Aun así, vimos que la gente seguía caminando con bolsas e indumentaria playera así que decidimos seguirles y…voilà! Encontramos lo que buscábamos. Esto era ya otra cosa. Que sí, con piedras pero el mar nos enamoró. Mi hermana disfrutó como una niña pequeña y yo también.

A una hora prudente el hambre nos llamó, hicimos un poco de turismo (demasiada calor!!! Pero es lo que hay si quieres viajar en verano y disfrutar de estos paisajes). Acabamos tomando una pizza en un restaurante y en contra de todo pronóstico con una botella de agua. Necesitábamos hidratarnos. Al acabar decidimos volver a la playa, teníamos que aprovechar y esta vez no teníamos demasiado tiempo ya que debíamos volver a tomar el bus, ir a Lecce y de allí coger el tren hacia Molfetta. Lo mejor era estar allí, refrescarnos y disfrutar de aquellas vistas. También tuve la oportunidad de ver a una amiga voluntaria de Lecce que había decidido venir este mismo día a Otranto, lo que me dio muchísima alegría.

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Sobre las 22.30 llegamos a Molfetta. La duración aproximada del trayecto Lecce-Molfetta es de dos horas y media y mi recomendación es hacer noche/s en Lecce por sus conexiones a otros lugares, además, la noche en Lecce también llama. Mi hermana y yo nos sentimos muy agradecidas por la gente conocida, por la colaboración de todos, recomendaciones y por las buenas conexiones de autobuses que existen desde el 1 de junio hasta el 30 de septiembre en Salento. Lo mejor es hacerse con un folletito de estos que te dan en el mismo stand que hay junto a la parada del autobús o entrar en la web www.salentoinbus.provincia.le.it y así organizar tus vacaciones.

Así se acababa el fin de semana, pocos días pero intensos, caminando y disfrutando, viendo y gozando de las maravillas de estas tierras. Salento….te hace volver…

Pero el viaje no acabó aquí, aún nos quedaban seis días por delante….Próximamente 😉

¿Repetimos?


Ante la mirada de tantísima gente me eligió a mí, una chica normal a la que no le gusta llamar la atención. Había personas interesadas en aquella (aburrida) conferencia. A mí no me interesaba, solo iba a hacer mi trabajo, quizás unas fotos y enseguida me marchaba. No tenía la más mínima intención de quedarme, aquello no era para mí, estoy segura que tampoco para muchos a los que veía bostezar mientras yo hacía mi trabajo. Aquellos hombres hablaban y hablaban sobre temas aburridos. Aquello tenía para largo. Salí a encenderme un cigarro. No había nadie fuera, agradecí este momento de soledad. Comprobé las fotos que había realizado, algunas se salvaban por lo que el trabajo estaba más que realizado pero había decidido tomarme el día con calma. Siempre iba corriendo de un sitio para otro, así que mejor así.

Unos minutos después sentí unos pasos detrás de mí y una grave voz me pidió fuego. Claro que había recaído antes en esta criatura de la naturaleza pues su belleza no pasaba desapercibida. Le pasé el mechero y comenzó a entablar una conversación. Su sonrisa me advertía que no era de fiar. Había conocido a muchos hombres como él. Elegante, con buena apariencia y radiantemente guapo pero no me dejé engatusar, al menos, no al principio. Comencé dándole largas, quería tiempo para mí pero entonces comenzó a decirme que mientras estaba en la ponencia no se podía concentrar debido a mi presencia. Yo me reí ante aquel ‘halago’, lo cual no le pareció muy gracioso. Unos minutos después indagamos un poco más sobre nosotros hasta que acabamos por intercambiarnos los números de teléfono.

Los días pasaban y su rostro no hacía más que asomarse por mis pensamientos pero sin ninguna señal en el teléfono. Tampoco sería yo la que escribiría. ¿A cuántas les habría dicho lo mismo? Un día estando trabajando me llegó un mensaje ‘siento el retraso pero he estado muy ocupado pero no he parado de pensar en ti, en tu sonrisa, en tu forma de hablar…Creo que nunca he visto a nadie así’. Aquel mensaje hizo que me estremeciera, ¿cuánto tiempo hacía que alguien no me decía algo así? Le respondí un poco seca aunque no podía ocultar mi sonrisa y satisfacción por aquel mensaje. Unos segundos después me llegó otro mensaje ‘Creo que tenemos que vernos…Sé que también te apetece…No me engañes’ y me dio su dirección. ¿Debía ir yo? Tras sopesarlo decidí dejar de pensar, siempre le daba muchas vueltas a todo así que por una vez me decidí y me embarqué en aquella aventura. Sentía mariposas por todo mi cuerpo y mientras caminaba no dejaba de pensar en el reencuentro.

No vivía demasiado lejos así que enseguida me encontré en el portón de su casa. De repente, una sensación extraña invadió mi cuerpo pero decidí seguir hacia delante. Llamé al timbre y no habían pasado más de cinco segundos cuando me abrió. Allí estaba él, tan guapo, tan atractivo tan….Él. Comenzamos a hablar de cosas estúpidas, cosa que siempre había odiado, no me gustaba malgastar mi saliva hablando del tiempo o de cosas que realmente no me importaban. Se veía que él tampoco tenía muchas ganas de hablar. Tras un pequeño tour por su pequeño paraíso y tras hablarme un poco de su trabajo, cuando ambos nos quedamos sin palabras, me cogió intensamente por mis brazos y sin perder ningún segundo  me besó. Aquello solo lo había visto antes en las películas, jamás había vivido una situación igual. Sus besos no cesaban y casi sin darme cuenta me hallaba sin ropa sobre su cama, compartiendo un momento de lo más íntimo e inigualable. Las dudas, si las había, se habían marchado, y allí solo quedaban dos torsos desnudos, uno sobre el otro, bailando sobre las sábanas sin ningún tipo de pudor. Duró lo que tuvo que durar pero el éxtasis se consiguió. Sin pensamientos, sin corazón, tan solo el contacto físico y la pasión.

Tras unos minutos en las nubes bajé a la tierra. Miré al lado y solo veía a un hombre acostado en la cama. No existían mariposas, no había un cosquilleo, solo unas sábanas manchadas de lujuria y tentación. Allí faltaba algo más. La satisfacción de aquel encuentro acababa de desaparecer y de repente no me sentí bien. ¿Era aquello realmente lo que buscaba? Quizás, si aquella era mi sensación, no.

Lentamente comencé a ponerme mi ropa y su cuerpo permaneció igual, inmóvil, como si después de haber comido y sentirse satisfecho no le importara lo demás. Apetito saciado y nada más. Tras hacer lo común, ir al servicio y terminar de arreglarme vi que él ya se había levantado y permanecía con su ropa interior. Tan solo me dedicó una sonrisa, aquella que vi el primer día y me di cuenta de que no podría haber nada más pero que aun así quise seguir adelante. Mi elección. Tras una escueta y fría despedida con un beso en la frente supe que no volvería. Aquello no estaba hecho para mí. Yo era más de conversaciones y de hacer el amor con la mirada (para después poder materializarlo), de caricias y de palabras sinceras. Una sensación extraña, que no de culpabilidad pues era una mujer libre, invadió mi ser.

Volví a mi casa no muy tarde y comencé a ver una de mis películas favoritas, de esas de amores imposibles que hacen que te enamores y sientas lo que el protagonista, lo haga bien o no. Unos minutos después me llegó un mensaje ‘ha sido estupendo…¿Repetimos?’. Apagué el teléfono y seguí disfrutando de la película. Quizás no era mi momento.

Partidas y llegadas

Hacía tiempo que no escribía en el blog así que va siendo hora de retomarlo y ponernos al día. Ya hace cuatro meses que llegué a esta pequeña ciudad llamada Molfetta (aunque a algunas no les guste que la llame pequeña). El tiempo pasa volando y el cúmulo de experiencias va sumando. Y yo, como siempre digo, no quiero que pasen los días.

Cuando llegué supe que venía con billete de ida, aún no tengo el de vuelta (sí temporal) pero sé que el definitivo llegará, aunque aún me quedan siete meses para seguir disfrutando de la bella Italia. Antes de venir sabía a lo que venía, sabía que era un proyecto con una duración determinada, sabía que esto sería como una burbuja en mi vida que me serviría para conocer a más personas pero también para seguir descubriéndome a mí misma y aprender. También era consciente de que conocer a tanta gente también supone decir ‘adiós’. Sí, ‘adiós’. ¡Cuánto odio esta palabra! De hecho, no la utilizo, el ‘ciao’ siempre me ha parecido más suave y el ‘hasta pronto’, incluso mejor (aunque una falacia la mayoría de las veces). El caso, cuando llegué sabía que conocería a gente de muchos países y que probablemente haría buenos amigos por estas tierras pero que cuando toque partir, también tocará derramar unas lágrimas y esto no lo llevo nada bien. Pensaba que el momento de la despedida solo tendría lugar en febrero de 2018, fecha en la que toca regresar pero no, algunos acontecimientos y contratiempos han hecho que tenga que decir adiós a más de uno. No contaba con ello.

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Cuando decides hacer un voluntariado lo haces por ti, piensas en lo que tú quieres hacer, dónde quieres ir, por qué haces este proyecto en tal sitio, qué estás buscando… Es la decisión de uno. Habrá expectativas y miedos (actividad que llevamos a cabo en cada intercambio de jóvenes), las primeras, probablemente, se superan, aunque puede pasar cualquier cosa, y los miedos quedan bastante atrás. Cuando estás fuera aprendes a valerte por ti mismo, aprendes a comunicarte en otro idioma

y descubres la importancia de los gestos, ya no te da tanto miedo viajar solo y te haces más independiente. Independiente sí. Empiezas a conocer a mucha gente (personas que luego te encuentras y no eres capaz de ubicar en un lugar), te suenan todas las caras y te preguntas mil veces dónde los has visto antes. Claro que siempre está el grupo de amigos con el que creas un vínculo mayor (en este caso italianos) y se  convierten en tus compañeros de viaje, con los que salir a cenar, bailar, ir a la playa, organizar cenas internacionales entre otras cosas. Aunque es verdad que, cuando estos compañeros no son voluntarios como tú, no podéis vivir lo mismo y los horarios también son diferentes. Cada cual tiene su vida y tú no puedes cambiar las suyas.

Hablaba de despedidas y es que, desde la primera semana que llegué me estoy despidiendo de gente. En primer lugar ocurrió con el Arrival Training (formación de llegada), donde pasé una semana extraordinaria, ¡qué drama cuando acabó! Después están los intercambios donde jóvenes de diversos países realizan una especie de convivencia durante una semana bajo un tópico (deporte, empleo, alimentación etc). Gracias a esto he conocido a personas de Bulgaria, Rumanía, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Polonia, Francia, Alemania etc. Obviamente habrá lazos más fuertes con unos que con otros pero que me sigan llegando mensajes privados de algunos del intercambio que tuvo lugar hace un mes me llena de orgullo y satisfacción (como diría aquel rey). Tu cuerpo se va haciendo a las despedidas y sabes que en esto consiste salir fuera, en saber decir también ‘adiós’. Pero no solo están los intercambios, también están los voluntarios que empezaron antes que tú y que ya han acabado su proyecto…Otros vendrán y serán ellos los que me despidan a mí cuando toque. Así funciona. Partidas y llegadas.

Pero por ahora, la despedida más triste ha sido la de mi compañera de proyecto, piso y dormitorio. La convivencia hace mucho y cuando no te la esperas duele. Sobre todo, cuando sabes que no vas a volver a verla porque, como diría si estuviera en Chiclana ahora ‘no es que se haya ido a la Isla, sino a Rusia. ¡Upsss! Quién sabe, quizás algún día, como nos hemos escrito hoy, me de por ir a Moscú y ella esté allí. (Punto, punto, punto). 

He hablado más de una vez de esas personas que vienen y van, de las que se quedan un tiempo, hacen su papel en su vida y se marchan, la marcha no tiene que ser algo negativo, influyeron positivamente durante un tiempo en tu vida y así las recordarás pero ese era el papel que les tocaba jugar y pienso que este es el rol de la mayoría de las personas en nuestras vidas. Aportan, les aportas, pero el juego se ha terminado. También están las que vienen y no aportan nada, se van y solo dejan su rastro en tu facebook pero que con el tiempo, sabes que terminarás borrando, pues no te interesan más. Lo que no se puede hacer es prometer (yo por eso nunca lo hago, y quien me conoce, lo sabe). El futuro es incierto.

Sin embargo, a pesar de las despedidas, he de decir que me pesa más el conocer gente, conocer mundo, ya que conocer es aprender, y hago un guiño al nombre de mi blog. Y repito que aquí soy muy afortunada con las personas que he encontrado, con las de la asociación y con lo que rodea a la asociación, con mis italianos y con mi ucraniana. Pero es que además, se van creando vínculos de todo tipo; con el frutero que me saluda siempre haciendo referencia a mi nacionalidad, también el otro frutero que cada vez que me ve me pregunta dónde he ido el finde a bailar, los molfeteses que se extrañan de ver a personas extranjeras viviendo por aquí un año, el de la heladería San Marcos que siempre tiene una sonrisa en la cara y no duda en saludar, los del Pub Asterix que se extrañan cuando no me ven, aquella niña que acudía sola al supermercado y me miraba curiosa hasta que un día decidimos entablar una conversación y me presentó a su madre, las vecinas que al principio no confiaban demasiado y luego nos han dicho que están aquí para lo que haga falta, incluso me han llevado al trabajo en coche (lo cual tampoco hace falta porque vivo a 10 mins a pie), personas jubiladas que acuden como voluntarias para enseñar el idioma a inmigrantes (grupo al cual me he unido) y con los que me encuentro encantada, ellos siempre tienen una sonrisa y una muestra de cariño conmigo, tus ‘exalumnos’ que se alegran tantísimo al verte y un largo etc que va construyendo tu día a día. Además, como siempre digo, la gente de aquí ‘es muy buena gente’. Pequeños gestos que van haciendo de este lugar…mi casa 🙂 

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