NY, IV PARTE: MOMA, Museo de ¿arte?

Un día más volvía a despertarme en aquel gran salón junto a mi amiga. Como la mayoría de las veces, yo me despertaba unos minutos antes y para nada hacía falta despertador. También hay que decir que ahí estaba su tía para darnos un toque y no nos quedásemos dormidas. Miraba el móvil cotilleaba un poco y me ponía en pie. Miraba por la ventana y el río Hudson estaba prácticamente ante mis pies. Un precioso amanecer me daba los buenos días.

Como todas las mañanas, los porteros bien vestidos de aquel edificio nos deseaban un buen día. Lo cierto es que eran personas muy amables que, desde el primer momento, nos tendieron la mano para todo. Además, uno de ellos, el primero que conocimos, hablaba cinco idiomas. Simplemente admirable.

Ese día la tía de María quiso pasar tiempo con nosotras así que, en primer lugar, nos llevó a desayunar al Café Sabarsky de la Neue Gallery, un lugar precioso, encantador pero que si María y yo hubiésemos estado solas, quizás, probablemente, no lo hubiésemos pisado. Aun así, he de decir que me gustó mucho. Además allí te obligan a conversar con tus acompañantes, cuando ellas le preguntaron por la contraseña del WIFI, la camarera nos dijo que no había, que teníamos que conversar. Me parece una opción acertada aunque también es verdad que al estar en otro país, a veces, es necesario conectarse para dar señales y también recibirlas. Un buen momento también para leer el New York Times o el Washington Post.

dsc_0443Tras acabar con nuestro desayuno en el que me tomé una tarta de chocolate que estaba increíblemente buena, cogimos el metro y nos bajamos en la Gran Central, una estación de tren de las más famosas del mundo y donde muchas películas se han rodado (Revolucionary Road, Los Vengadores, Olvídate de mí, Soy Leyenda, Superman etc)..  Además, es obligada la parada en la Galería de los susurros donde, si te colocas en una de sus columnas y dices algo en voz baja y en ese momento una persona pasa por la columna contraria, te oirá. María y yo lo comprobamos y nos grabamos. Nos fascinó, así que fue un sitio que también repetimos.

Nueve días dan para MUCHO. Antes de mi partida a Nueva York había visto un documental sobre las películas que se han rodado en esta ciudad y aparecía este lugar, por lo que no podía dejar de ir y comprobarlo yo misma.

Nuestra siguiente parada fue la biblioteca, ¡enorme! Así hasta me entran ganas de estudiar, mira que nunca fui una chica de ir a estudiar a la misma, pero es agradable ver tantos y tantos libros y que el ambiente te invite a quedarte.

Después de nuestro momento cultureta nos dirigimos a uno de los lugares más bellosdsc_0495 que existen en Manhattan, el Top of the rock. A muchos les sonarán aquella famosa foto de los obreros sentados ¿verdad? Pues, las vistas desde allí son magníficas, puedes contemplar Central Park, el Empire State, el One  World Trade Center o el 432 Park Avenue. Este último es un edificio muy finito que superó en altura al Empire aunque estando allí me sembraba la duda.

Hay personas que prefieren subir al Empire en lugar de al Top of the rock, yo elegí este último puesto que también es bastante alto y como he dicho, las vistas son preciosas, además, cuesta 32 ó 34 dólares y encima desde allí podías ver el Empire. Sin embargo, éste cuesta alrededor de 46 dólares y te pierdes las vistas del mismo. Aun así, aconsejan visitarlo de noche, ya no puedo opinar.

dsc_0527Más tarde visitamos por fin The News Building, a muchos les sonarán ya que el ficticio periódico que editaban Clark Kane y Lois Lane, el Daily Planet, lo hacían allí.

Esa misma tarde aprovechamos para entrar en el MOMA, el Museo de Arte Moderno, ya que los viernes su entrada es gratis. Vimos La Persistencia del Tiempo de Dalí, Las Señoritas de Avignon y Los Tres Músicos de Picasso, La Noche Estrellada de Van Gogh y alguno que otro más, pero estos son los más famosos (y los que conozco), así que fuimos a buscarlos directamente. María y yo no somos muy entendidas del arte moderno y, sin faltar el respeto, no entendemos que algunas cosas sean consideradas arte. Os invito a ir y que lo comprobéis por vosotros mismos. Yo soy más del Renacimiento.

Esa noche los tíos de María nos llevaron a cenar fuera, aunque antes nos llevaron a un pub americano, de esos que a mí me gustan a tomar una cerveza (sidra en mi caso). Lo cierto es que aquel bar tenía su encanto. Me recordaba a los pubs irlandeses. ¡Cuánto los echo de menos! Y ya en el restaurante probé la mejor pasta a la boloñesa y a la carbonara que he comido en mi vida. Por supuesto, no podía faltar un buen vino para acompañar la cena…O un par de botellas.

Un día muy completito en el que cumplimos, una vez más, con nuestro planning. Habíamos llegado al ecuador del viaje y, sin embargo, ya habíamos visitado toda Manhattan. Puede sonar increíble, pero es cierto. Lo habíamos conseguido, aunque aún nos quedaban unos días por delante para seguir viendo otros distritos y seguir disfrutando de los encantos de Manhattan. Intentaré seguir contando mis aventuras por esos lares. ^^

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