Señales (IV y última parte)

La alarma sonó a las siete en punto de la mañana, volvía a mi rutina, al trabajo. Pero no tiene que sonar deprimente, en cierta medida, tenía ganas de volver a la oficina y ponerme manos a la obra, ya había desconectado bastante y ansiaba tomarme el café acompañada de mis compañeros cada mañana. El recibimiento fue muy bueno, Sergio, el secretario me abrazó con muchas ganas y me dijo que me esperaba para almorzar, Ana y cafessSusana también me saludaron con mucha alegría al igual que Guillermo y Enrique. Mi jefa por fin salió de su despacho para recibirme con un grab abrazo. Raro. No había conocido nunca a una persona que quisiera tener tan poco contacto con el resto del personal. Después de nuestros saludos cada uno ocupó su habitual puesto y nos pusimos con nuestros trabajos.

Los meses fueron pasando pero comenzaba a echar en falta algo más. Una noche quedé con Sergio para tomar unas copas, sabía que aquella salida se podría malinterpretar porque hacía tiempo que me había dado cuenta de que sentía algo por mí, yo trataba de ignorar la situación pero nos convertimos en grandes amigos y confiaba mucho en él. Además, él me respetaba y no intentaba dar un paso que fuera más allá. Nos reíamos mucho y nos podíamos pasar horas hablando. Él conocía todas las relaciones que había tenido e incluso me preguntaba por cómo me sentía. Se preocupaba por mí. Esa noche estuvimos en nuestro pub preferido, allí intercambiamos nuestras perspectivas acerca de la vida, nos gustaba mucho filosofar y hablar de cosas que no puedes con todas las personas. Esa noche al mirarlo se me pasó algo por la cabeza que no quise exteriorizar.

Cuando vi que se nos hacía tarde le dije que me tenía que marchar. Pude notar la decepción en su rostro pero preferí no darle importancia. Por fin había descubierto qué era lo que me ocurría, qué era lo que necesitaba para sentirme realizada.

Un año más tarde

El sol brillaba aquel primer domingo de marzo que daba la bienvenida a la primavera. Adivinaba que sería un día perfecto. Hacía unos meses que la felicidad se había apoderado de todo mi ser. Por fin me sentía completa. Me puse mis zapatos de deporte, me recogí una coleta y me vestí. Me dirigí a mi dormitorio y sonreí al verle allí tumbado en mi cama, comenzaba a despertarse, sus ojos medio abiertos me llamaban, sonreía, claro que sonreía, al igual que yo cuando lo miraba a él. Me hacía feliz y estaba segura de que yo también le hacía feliz. Me acerqué lentamente a la cama y me tumbé a su lado. Le toqué su cara y le di un fuerte beso, entonces me cogió mi mano con sus pequeños deditos. Yo los besé. Lo cogí en brazos, lo mecí un poco y a continuación lo vestí. Preparé su carro y nos fuimos a pasear.

Hacía unos meses que había tomado una decisión de vital importancia, una decisión que me acompañaría el resto de mi vida y que pasase lo que pasase cargaría con ella para siempre. Rubén había sido abandonado por su madre nada más nacer cuando yo había tomado la decisión de convertirme en madre. Quería adoptar a un bebé, no me importaba ser madre soltera, de hecho, me di cuenta de que era lo que deseaba. Aquella noche hablando con Sergio me había dado cuenta. Él podría ser el padre y la pareja perfecta pero yo no quería atarme a nadie. No lo necesitaba. Parece ser que los astros se alinearon a mi favor cuando recibí aquella llamada que siempre recordaré. Laura, queremos que conozcas a alguien…Ven lo antes posible al hospital. Sin pensarlo ni un segundo me dirigí al hospital donde le estuvieron haciendo las pruebas oportunas y nada más verlo sabía que sería el niño de mi vida.

parquePasaron tres meses hasta que por fin pude hacerme cargo totalmente de él pero desde que lo conocí, visité cada día el hospital y el centro donde lo acogieron. Quería que sintiera el calor de una madre y que no echase en falta nada.

Salimos a dar una vuelta por el parque, él tan sólo tenía tres meses, era mi bebé y yo lo llevaba allá por donde fuera como si de un trofeo se tratase. Ahora podía describir lo que la felicidad significaba para mí. Sergio se convirtió en “el tío Sergio”, papel que aceptó con agrado y a sabiendas que no pasaría nada más entre nosotros. De hecho, yo le animaba a salir con otras mujeres y él parecía que lo había aceptado. Aquella mañana me encontré con Javier en una cafetería. Sí, Javier, mi ex, quien se sorprendió al verme con el pequeño. Al verme aparecer por allí esperaba ver a alguien más, pero eso no ocurrió. Él me invitó a sentarme un rato con él. Hablamos sin remordimientos y él se emocionó al verme tan radiante de felicidad, se sintió orgulloso de que por fin hubiese encontrado lo que me hacía feliz. Yo también me alegré por él al saber que había rehecho su vida. En parte me sentía culpable por cómo le había dejado pero comprendí que no se puede estar con una persona si los sentimientos no eran recíprocos.

12112312_10207883576157041_1580611883438198001_nTenía todo lo que quería. No me cerraba a conocer a nuevas personas pero de lo que estaba completamente segura era de que no iba a buscar a nadie. Si tenía que llegar alguien llegaría. Por ahora tenía todo lo que deseaba y no echaba en falta nada más. Había madurado y había comprendido que para ser feliz no había que ir en búsqueda de tu otra mitad. Tú eres una persona entera y no hay mitades que valgan. Y ¡mira donde había encontrado mi felicidad! En lo que se había convertido en una extensión de mí.

Aquella noche salí a mi balcón, sí, mi balcón, cuando adopté a Rubén decidí comprarme un piso un poco más grande y como ya dije, una de mis cosas favoritas de los pisos eran las terrazas para poder ver el encanto de la ciudad. Esta vez no me encendí un cigarro, lo había dejado, quería llevar una vida más sana y darle a mi pequeño una vida saludable. El cielo estaba precioso, se veían las estrellas a la perfección, lo que me recordaba al cielo de ‘El Rey León’, siempre lo decía cuando veía las estrellas. Entonces un nombre pasó por mi cabeza, Amanda. ¿Qué sería de ella? Estuviera donde estuviera había dejado huella en mí, me había marcado y me dio una lección que con el tiempo supe comprender.

Te deseo que te encuentres a ti pero que no busques a nadie, eres una mujer preciosa, no te precipites, si alguien tiene que venir vendrá. Y eso de que tenemos una media naranja…¡Bah! Allá cada uno. Quizás nuestro destino sea no estar con nadie y estar con todo el mundo. No tenemos por qué atarnos a una persona porque así lo conciba la sociedad.

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