Aquellas fotos

 

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Hoy en día las fotos pierden mucho sentido, ¿no?

Vamos a la playa con nuestros amigos, hacemos fotos. Vamos a almorzar, hacemos fotos. Estoy jugando con mi perro, hacemos fotos. Estoy leyendo un libro, hacemos fotos. El final de cada frase se podría apellidar con “un día cualquiera”. Un día cotidiano sin más, fotografiado no para ser guardado y visto posteriormente sino para ser compartido instantáneamente y aumentar tu ego con un sinfín de “Me gustas” de Facebook. Es lo que se suele pensar.

Una crítica que se podría volver en menos de un segundo en mi contra pues soy de esas, quizás estoy en la media, algun@s se pasan subiendo fotos pero ¿dónde está el equilibrio? ¿Quién dicta los límites? Que cada uno haga lo que crea conveniente.

Mirando el lado bueno de las cosas, creo que tiene una función muy positiva (sí, suelo pecar al tratar de ver siempre este lado, ya me lo tienen dicho sobre todo cuando hablamos de personas). Pasan los años, pasan muchas personas por tu vida, personas con las que pierdes el contacto y ya dejan de importante, de esas hay muchas ¡creedme! Pero también hay otras, quizás no tantas aunque sí suficientes a las que te gustaría sentir cerca, muy cerca y por el motivo que sea no puede ser así. Pasamos por muchas etapas a lo largo de nuestras vidas, vivimos en diferentes lugares y vamos dejando huella allá por donde vamos y, lo más importante, tú te quedas marcada por esas personas. Eso es vivir. Y a mí me encanta, de ahí mi conociendomundo.

Yo soy de esas a la que le gusta mantener el contacto, soy de esas que se enamora de las personas fácilmente (no en el término romántico del enamoramiento), soy de esas a las que le gusta ver cómo les va a aquellos que sembraron algo en mí. No hablo de un contacto de un “todos los días” ni mucho menos, eso dejó de existir, no tenemos dieciséis…Pero sí que me gustan las relaciones personales. Mucho. Quien me conoce, lo sabe bien.

Pero volviendo a las fotos…aunque prefiero #viviraldía hay días que te encuentras con sorpresitas provenientes del pasado que te hacen pensar aunque, lo más importante, te hacen sentir. Sí, ese efecto lo siguen teniendo las fotografías, sobre todo, la sucesión de ellas montadas en un vídeo que hiciste con todo “tu amor y tu cariño” y que a día de hoy, poco deberían significar. Pues hoy esos vídeos me han hecho retroceder, han hecho que me traslade a unos años atrás (no tantos) y han hecho que sienta lo que sentía entonces: el primer año de carrera, la primera vez que te vas a vivir fuera de casa, las primeras convivencias, conocer a nuevas personas con las mismas pasiones que tú, descubrir tus gustos, lo bueno y lo malo de las convivencias, no tener prisa y quedarte en casa de tus amigos después de un día de fiesta, tomarte la vida con calma (y con prisas en época de exámenes) pero no sólo me centro en mi época universitaria, después viví otra etapa maravillosa y muy diferente donde mi “little monkey” era el protagonista. Cómo agradezco haber hecho tantas instantáneas a este pequeño, tantos vídeos…Vuelvo a emocionarme cada vez que veo todo esto y me vuelvo a repetir, vuelvo a sentir lo que sentía entonces. Puede ser un poco masoquista pero me gusta y uno de mis mayores miedos es olvidar.

¿Merece la pena fotografiar los momentos? Para mí la respuesta es clara. Aunque sea una persona centrada en el presente a veces me gusta recurrir a estas cajas de recuerdos, a aquellas etapas de mi vida que me hicieron muy feliz. Y si encima puedo compartirlo aún con ciertas personas para revivirlo ya que no puede ser en persona, quizás sí que merece la pena.

 

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