La Galería (II Parte/Final)

Dibujo por Mj R.

Dibujo por Mj

Ese fin de semana no pude dormir bien, me quedé dibujando en casa. Quise ir al hospital a ver a aquel hombre pero sabía que no me dejarían pasar a verlo. El lunes por la mañana fui a la galería. Si se había recuperado quizás estaría allí. La suerte no estuvo de mi parte. Me quedé sentada allí un rato cuando dos señores se aproximaron al cuadro. Uno quería comprar el cuadro y oí decir al propietario de la galería que no estaba en venta. El comprador, con dotes persuasivas insistió una y otra vez, pero el propietario respondió que “un distinguido fotógrafo vendió esta fotografía a la galería para que fuera expuesta con la condición de que no se vendiera. No podemos faltar a nuestra palabra”.

Ojos azules había hecho la fotografía y la había vendido a la galería. ¿Por qué? Supe entonces que ahora más que nunca tenía que hacer ese dibujo. No conocía la historia que había detrás, pero algo había, y yo ya estaba vinculada a ella.

Unos días después volví a la galería y me dispuse a terminar el dibujo. Tenía que hacerlo bien, pero cuál fue mi sorpresa cuando la fotografía no estaba allí. Busqué de inmediato al propietario de la galería y le pedí explicaciones. Había oído su conversación, sabía que no podía venderlo, ¿dónde estaba? El propietario, un tal Miguel, en un principio se negó a darme información sobre su cliente pero entre tanto interrogatorio acabó derrumbándose y me dijo que le habían ofrecido una buena cantidad de dinero. Yo me indigné, además, no había acabado mi dibujo. El propietario no sabía que ojos azules había sido agredido y cuando se lo dije, las lágrimas cayeron por su mejilla. Fue entonces cuando decidió hacerme la confesión completa de su vida. “Tu ojos azules era un reconocido fotógrafo, sus fotografías eran increíbles y tenía algo especial con su cámara. Vivió muchos años felices junto a Emi, su mujer, quien también era fotógrafa, pero la situación económica del país acabó con ellos. Fueron desahuciados y su casa era la calle. Emi murió poco más de un año después de ocurrir esto y a Fran no le quedaba nada. Tenía a su perro con él, la fotografía y un traje de chaqueta. No quería desprenderse de la fotografía ya que era el único recuerdo que le quedaba pero al final decidió venderla con la condición de que no pudiésemos venderla nosotros. ¿Por qué se quedó con la chaqueta? De este modo podría venir a la galería, ver su fotografía y ser una persona más de las que suelen venir. Yo le dejo que se duche de vez en cuando en mi casa. Fran es un gran tipo y no le gusta pedir favores. Verse en la calle con esa necesidad es lo peor que le ha podido ocurrir. No quería que le reconocieran”.

Aquello me hizo pensar. Le conté todo lo que había visto la noche del viernes. Miguel se sintió fatal por lo que había hecho y accedió a darme la información de su cliente. Además, vendría conmigo al hospital.

calle-1Un par de días después nos dirigimos al hospital, dimos su nombre y apellidos y fuimos a su habitación. Estaba vacía por lo que nos pusimos en lo peor. Nos miramos con las lágrimas saltadas y entonces un doctor nos dijo que le acababan de dar el alta. Miguel y yo nos abrazamos y nos dispusimos a salir a la calle. Ahora tendríamos que localizarlo.

Nos dividimos y fuimos preguntando por las calles, preguntando a otros mendigos hasta que por fin lo encontré. Estaba sentado en el mismo lugar donde le habían dado la paliza. Cuando me vio llegar, sus ojos se envolvieron en lágrimas y me dio las gracias una y otra vez. Yo le abracé. Sentía que era más que un conocido, era mi amigo. Le di algo de comer y saqué un papel enrollado. Fran lo desplegó y tal fue su sorpresa que empezó a llorar desconsoladamente. Había acabado el dibujo y quería que Fran lo tuviera con él. “Es tuyo. Te pertenece”. Yo me sentí muy orgullosa por las ganas que le había puesto a ese dibujo, al fin había alcanzado la perfección. Apenas había diferencia entre la fotografía y el dibujo. Pude acabarlo porque fui a la casa del comprador para negociar sobre la foto, pero no quiso devolvérmela. Al menos, me permitió estar en su casa hasta que lo acabé.

San_Bernardo_9757Me senté a su lado y nos quedamos allí hasta que Miguel llegó acompañado. Había localizado al San Bernardo y lo había traído. El perro estaba más que agradecido y se tiró encima de Fran. Fran volvió a emocionarse. Miguel le pidió disculpas pero Fran simplemente lo abrazó.

Desde aquel día Miguel y yo nos involucramos en temas de pobreza. El dinero que había conseguido por vender aquella fotografía se lo cedió íntegramente a Fran, a quien de verdad le pertenecía. Ambos creamos una ONG para ayudar a mendigos, desahuciados, y parte de las ganancias por la galería irían a causas como estas.  Con el tiempo, Fran se convirtió en nuestro tercer socio.

ojo

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