Regreso a la Casa Azul

Hace más de un mes me hicieron el mejor regalo que me podían haber hecho. Por una parte mi hermana había decidido regalarme por mi cumpleaños un viaje a Cork, Irlanda, para visitar a mi Irish Family, aunque por otra, mis padres tenían también en mente ese regalo para mi hermana y para mí el día de Reyes. ¡Si es que ellos son mi familia y saben con qué cosas soy feliz!

El mes de enero se pasó contando los días para volverlos a ver. No me podía creer que volvería a Rylane siete meses después de que dejara la casa. Yo estaba segura de que los vería en alguna otra ocasión pero aún no le ponía fecha. Por fin, el momento llegó. Mi hermana y yo emprendimos el camino rumbo a Dublín, donde nos quedaríamos una noche para visitar algunos lugares de allí y salir por la noche por Temple Bar. ¡Qué buena zona de bares!

Cuando llegamos hacía hasta buen tiempo, alguna que otra nube, pero sabíamos que no podíamos cantar victoria. Estábamos preparadas para pasar unos días invernales en Irlanda. Pronto el cielo se cubrió de nubes negras y nosotraDSC_0021s no habíamos cogido los paraguas para poder llegar a Phoenix Park, aquel parque al que tantas ganas de visitar tenía mi hermana. De pronto hacía muchísimo frío y las gotitas de agua se convirtieron en hielo. Empezó a nevar. Quizás podréis pensar que aquello nos estropeó nuestro primer día en Dublín pero no fue así. Mj y yo, como dos niñas pequeñas, nos dispusimos a echarnos fotos mientras la nieve nos caía por encima. “Neri” -como ella me suele llamar- “Hazme una foto así, ahora asá, ahora cogiendo la nieve”. Hacía frío pero poco nos importaba. Anduvimos un buen rato desde el centro, O´Connell Street, hasta la fábrica de Guinness. Antes de pisar el parque pensamos que podía ser una buena idea visitar la cárcel de Dublín, así podríamos resguardarnos un poco. Pero la nieve no cesaba. Llegó un momento en el que le tuve que decir a mi hermana que parásemos. No sentía mi cara. Estaba congelada, como si me hubiese dejado puesto muchos cubitos de hielo en la frente. Mi hermana se apiadó de mí y entonces tomamos la opción correcta: pararnos en un cafetería para entrar en calor.

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Allí nos tomamos un capuccino y una señora tarta de chocolate. Era desde luego el mejor lugar para resguardarte del frío. Además, la camarera era una chica polaca muy simpática con la que estuvimos hablando un rato antes de marcharnos. Es de esas personas agradables a las que coges un cariño extraño y te gustaría volver a ver. Tal vez solo habíamos hablado unos minutos pero Mj y yo la etiquetamos como “de esas personas”. Mi hermana entiende este peculiar sentimiento. Somos hermanas…También allí aprendí una palabra nueva cuando le pregunté a la chica qué transporte podíamos coger para volver al hostal. “Lua”, decía la chica. Mi hermana y yo lo entendimos por el contexto pero al principio me quedé bastante extrañada. La chica nos estaba diciendo que cogiésemos el tranvía.

Antes de dirigirnos al hostal, y aunque seguía lloviendo, quisimos acercarnos a la prisión aunque sabíamos que iba a estar cerrada. Tuvimos que andar otro buen rato y gracias a magníficas explicaciones conseguimos dar con el lugar (modo ironía ON). Cerrada. La vimos por fuera. Ya estábamos deseando llegar al hostal para darnos una ducha calentita, ir a cenar y salir por Temple Bar.

Allí elegimos el mejor bar, donde había música en directo, por supuesto, y, además, era pop-rock del que a mí me gustaba. El pub estaba lleno de gente y allí estuvimos hablando con unos muchachos (y otros no tan muchachos). Aquello servía para practicar el inglés, ¿por qué no? También conocimos a otros españoles (¡qué raro!) que querían continuar la fiesta a pesar de que los bares cerraran a las 2 am. Ya nosotras estábamos cansadas y decidimos irnos al hostal.

A la mañana siguiente amaneció un espléndido sol así que pronto nos pusimos las pilas para desayunar y salir temprano a hacer turismo. Trazamos un recorrido en el DSC_0137mapa y lo seguimos a rajatabla. Callejeamos por Dublín. Esta vez me gustó más que las anteriores veces que lo había pisado. Anteriormente había estado un par de veces pero no había llegado a conocer los lugares más emblemáticos (exceptuando Temple Bar). Nos detuvimos en la catedral de Saint Patrick y, aprovechando que hacía un día fabuloso, nos hicimos diversas fotos allí. Luego nos dirigimos a Phoenix Park, esta vez sí pudimos llegar y a mi hermana le gustó mucho, aunque mejor hubiese DSC_0195estado coger una bicicleta y recorrerte el parque en su plenitud, ya que es un parque demasiado grande. Esta vez tenía otra sensación en el cuerpo. Yo sí había estado antes en este parque con mi amiga María, el último día antes de venirme a España por lo que tenía unos recuerdos muy feos y tristes de ese día. Gracias a pisarlo esta segunda vez pude eclipsar aquellos recuerdos con los nuevos junto a mi hermana.

Yo me encontraba ya nerviosa. Teníamos que coger el autobús rumbo a Cork donde quedaría con Kieran, mi host-dad. Intentaba dormir en el autobús, alguna cabezada pero estaba nerviosa. Deseaba que llegara el momento de pisar la Casa Azul de nuevo. Kieran estuvo un tiempo esperándonos ya que el autobús se había retrasado un buen rato pero no pareció importarle cuando nos vimos. De nuevo me sentaba en su furgoneta, aquella que me llevaba todos los sábados a Cork. Estuvimos poniéndonos al día durante todo el trayecto hasta que por fin nos detuvimos en la casa.

DSC_0341Por fin. Llegó la hora. Hannah estaba mirando por la ventana todo el tiempo esperando a que llegase. El primer encuentro fue con Rian, quien estaba sentado comiendo algo. Se quedó como en shock. El caso es que yo me quedé igual porque no sabía si me reconocería. Aun así le abracé. Luego vi a Niamh y también le di un fuerte abrazo. Seguidamente las niñas aparecieron por allí y me abrazaron con todas sus fuerzas. Aquel momento es el que había estado esperando, con el que soñaba. Yo estaba emocionada, nerviosa. De nuevo allí. Mi hermana fue un buen apoyo y me alegro muchísimo que me hubiese acompañado en este viaje tan importante para mí.

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Nos habían esperado para cenar así que pronto nos sentamos con las niñas y empezamos a ponernos al día. Además, casualmente Niamh había preparado mi tarta preferida “banoffee”.  Ella también conocía mis gustos después de los meses que me llevé en la casa. Durante la cena conocí  a Aline, la chica au pair que estaba ahora trabajando allí.

Esa noche nos quedamos hablando con los padres mientras me invitaban a sidras (sabían lo que me gustaba) y a mi hermana a cervezas. Parecía lo de siempre sin ser lo de siempre. De nuevo estaba sentada en aquel sofá, con Tazz, el gato blanco por encima y Cloe, el negro por allí también, junto a ellos, viendo programas en la televisión y ellos explicándome de qué iban. Rian pronto se quedó dormido, el terremoto esta vez era la nueva adquisición de la familia, el nuevo perrito.

Al día siguiente mi hermana y yo nos fuimos a Cork ya que mi host-family tenía un DSC_0366compromiso y yo quería aprovechar para quedar con Allan y Jorge. Me dio mucha alegría ver a ambos. Esa noche nos quedamos en casa de Allan y salimos por su pueblo aunque hubiese preferido salir por Cork, en un bar con música en directo en lugar de en una discoteca. El domingo comimos con Allan, Jorge y la novia en Saint Patrick, un bar donde había estado en muchas ocasiones pero donde nunca había comido antes. Mi hermana por fin probó la comida típica de allí.

Andar de nuevo por Cork me trajo muchos recuerdos, un escalofrío recorría mi cuerpo. El año pasado siempre paseaba por aquellas calles con María, yendo y viniendo de nuestras clases de inglés, del Pennys, de las pizzerías, escuchando la música callejera, tanta gente por las calles… Cork está muy chulo.

Mi hermana tenía que coger el avión esa tarde así que Allan la acercó y Jorge me acompañó a la estación donde Niamh había quedado en recogerme. En el coche con ella nos pusimos al día de nuestras cosas, de mi vida, de la suya, de los niños. En realidad nunca habíamos perdido el contacto pero siempre es mejor hablar las cosas en persona, y yo estaba encantada con ello. Recogimos a Hannah y a Rian y fuimos a ver a los abuelos de los niños. Me dio mucha alegría volver a verlos. Parece que fue recíproco. Estaba encantada con que me hubieran llevado a verles. Eran personas encantadoras, entrañables.

Ya luego en la casa, como siempre, pasé tiempo jugando con Hannah, Rian y Aline. Tenía que ganarme de nuevo la confianza de Rian y esa tarde lo conseguí. Volvía a ser el niño risueño y cariñoso que había sido conmigo. Por fin volvía a buscarme. Aquello significaba mucho para mí. Él estaba diferente, había crecido mucho. Era más alto y hablaba mucho más. Ya no era el bebé que había dejado unos meses atrás. Era un niño. Es bonito ver ese cambio. También noté otro cambio a mejor con la mayor. Hablamos mucho más y me sentí más unida a ella. Con Hannah era como siempre y aquello me gustó.

Los días posteriores, así como todo no se podía parar por la visita, por mí, los padres seguían yendo al trabajo y las niñas al colegio. Entonces tuve tiempo para estar con mi pequeño y conocer mejor a Aline. Una chica estupenda por cierto, muy agradable. Pasé unos días estupendos con ella, hablando de muchas cosas, de su país, Brasil. Me gustó que esta chica estuviera en la casa. Me gustó para Rian.

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Durante los  días que estuve en la casa ayudé a Aline con Rian y a Hannah con su tarea, como siempre había hecho. Yo estaba encantada. También nos llevaron una tarde a una bolera de Cork así pasaríamos tiempo juntos en familia. Se lo agradecí bastante. Es lo que quería. Pasar tiempo con ellos. También vi a los otros dos pequeños a los que María había estado cuidando el mismo tiempo que yo. También habían pegado un buen cambio. Estaban más grandes y guapísimos.

Como todo lo bueno en la vida, mi semana pasó demasiado rápida y ya me encontraba despidiéndome de nuevo. Me había sentido como en casa, había disfrutado de unas buenas vacaciones donde lo que buscaba era estar con ellos, sentir de nuevo su cariño y ver que me siguen queriendo como yo a ellos. Esta vez no hicimos un gran drama en la despedida aunque las niñas quisieron que las llamara a las 4.30 am para despedirnos. Nos prometimos volvernos a ver. Aquel volvería a ser un “hasta pronto”.

De camino al aeropuerto Niamh y yo no nos callábamos. Era prácticamente de noche y yo apenas había pegado ojo la noche anterior pero quería aprovechar cada minuto. Al llegar nos dimos un enorme abrazo y nos quedamos hablando durante un ratillo. Me dijo que anotaría en su agenda venir a España y yo le dije que esperaba que fuera cierto.

DSC_0418Hacía tiempo que decía que quería ir a verles y por fin, cumplí con mi palabra. Las niñas me lo habían pedido en varias ocasiones aunque, a decir verdad, tampoco hacía falta que me tocaran mucho las palmas para que yo quisiera ir. Lo estaba deseando. Y ahora sé que de visita, estaría dispuesta a volver una y otra vez. No importa que no vivan en la ciudad, no importa que vivan en un pueblecito aislado. Lo que a mí me importa es lo que hay dentro de la Casa Azul.



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