Game Over

Llegó la hora de despedir esta sección que empecé hace ocho meses: Diario de una Au-pair. Sinceramente, no tengo ganas de escribir esta última entrada debido a esta mezcla de emociones que siento ahora. Pero, por otro lado, es mi mejor manera de expresar lo que siento y bueno, se lo debo a quien haya estado siguiendo mis hazañas en el extranjero y para poner un final a este apartado de mi vida. 

Los últimos días han sido muy duros. Mezcla de sensaciones, nervios por un lado, tenía un examen que hacer…Pero, al mismo tiempo, quería disfrutar con mi Irish family ya que, dos días después de hacer el examen me tendría que despedir de ellos. He intentado hacer las cosas lo mejor posible durante las últimas semanas pero no podía evitar sentir una profunda pena al pensar que ese día, el de la despedida, estaba a punto de llegar.  

Un bonito broche final. Una escapada a un parque con la familia de María. Primeras despedidas. Y después, una cena con mi familia. Con ellos. Y por supuesto,  gran detalle el de mi host-mum al hacerme mi tarta preferida. Lágrimas, regalos, emociones, sorpresas, cartas, risas, mi enano, mis niñas, ellos dos…Increíbles personas, increíble familia.

Llegó el momento de decir “adiós”, esa fea y odiosa palabra que yo nunca digo. Prefiero dejarlo en un “hasta pronto”. Eternos abrazos y risas nerviosas que más tarde se convertirían en lágrimas, llanto, tristeza.

Aún nos quedaba un largo día y una laaaarga noche en el aeropuerto a María y a mí. Ya lejos de ellos. De esos días que preferiría tirar a la papelera de reciclaje. Es en estos momentos cuando se piensa que podría existir el teletransporte para que estos ratos no se hicieran tan eternos y tan tristes.

Hace un año sentía algo similar a lo que estoy sintiendo ahora. Vale, distinto porque dejaba atrás una preciosa etapa de cinco años de la cual no me quería desprender. Pero viene a ser lo mismo: despedidas, lágrimas, tristeza, nostalgia…Sentimientos equiparables. Pero es que la vida es eso. Vivimos continuamente despidiendo a personas, diciendo adiós o hasta pronto, quien lo prefiera. Dicen que es precisamente eso lo que hace bonita la vida. Conocer personas, tener increíbles experiencias, echar de menos… Yo no sé qué pensar. Quizás si escribiera esto dentro de un par de semanas lo vería todo como ¡qué preciosa experiencia vivida…! Pero ahora el sentimiento que predomina en mí es el de tristeza. Esta mañana me he despertado pensando en mi enano. Siento que lo he abandonado y pensar que no lo voy a coger más, que no le voy a decir “ah ah, no hagas esto”. Me da mucha pena. Si antes de esta experiencia decía que me gustaban los niños, ahora lo puedo confirmar. Y para quitarme el mono (o al menos intentarlo), en el avión había una pareja con dos críos, uno debía tener tres años, la peque siete meses. Hablamos un poco, y la madre me preguntó si quería coger a la bebé. No me faltaron ni dos segundos para coger a la peque y jugar con ella. Bonita niña que tampoco me extrañó. Me gustan los niños. Pero la peque no era Rian. Y no lo digo solo porque ella estaba muy tranquila sentada encima mía sin intentar hacer diabluras. 

Pero no estoy echando de menos  solo al pequeño. También a mi niña de 10 años, la que ha pasado muchísimo tiempo conmigo: hemos jugado, cantado, comido helados, le he ayudado con su tarea y ella a mí con mi inglés, ha dormido conmigo… Muchos momentos…

Preciosos detalles que ha tenido también conmigo. Además, algo que me ha llamado mucho la atención de esta familia y que me ha encantado es que son muy muy agradecidos por cualquier cosa. Valoran el más mínimo detalle. Eso es precioso. Y, ¿qué puedo decir de la mayor? Era un reto: mi reto personal ya que es la adolescente, por lo que podía resultar más complicado entablar una relación con ella. Finalmente lo conseguí. Aunque me hubiese gustado compartir muchísimas más cosas con ella, ya que ha sido casi al final cuando más se ha abierto conmigo. Esto es lo que pasa con las au-pairs, cuando empiezan a adaptarse a ti, te tienes que marchar. Aunque ahora hablo personalmente de la mayor, ya que creo que desde el principio me he adaptado bien al resto de la familia y ellos a mí. 

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Cuánto voy a echar de menos los programas de coches, los reportajes sobre Cork,  Talent Show, las explicaciones de Kieran, mi host dad, acerca de cada noticia que aparecía en Tv, las bromas de Niamh, mi host mum, levantarme cada mañana y darle el desayuno al pequeño, su risa contagiosa, los abrazos de Hannah (10 años),  que Rian viniera por detrás y me abrazara también diciendo “hug”(abrazo), sentarme en el sofá y tomarme una copa de vino con ellos, los dos gatos, los dos perros, ese inmenso jardín, la peculiar Casa Azul, las reuniones con los niños de María para que jugasen juntos, ir al colegio con el carrito y que todas las madres me saludaran, mi doctora de Rylane, las tartas de Niamh, comentar Anatomía de Grey con Saoirse (la mayor de los hermanos) y que se me escape algo que ella aún no había visto, las visitas a la única tienda de Rylane, Anvil Bar, Path y sus invitaciones. En definitiva, dejo a una gran familia en Irlanda. No muy lejos, según Niamh, aunque para mí, ahora, está a demasiados kilómetros.

Llegó el momento… 

-“Human beings like complicate their lives”

– “Always girlie, this is why dogs are needed”

Un pensamiento en “Game Over

  1. Pingback: No sentir | pacrima

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