Lovely days

Cómo pasa el tiempo. Cuando menos te lo esperas te encuentras haciendo la maleta y volviendo a tu hogar con una mezcla de sentimientos. Ganas de volver, de disfrutar de los tuyos, de tu verano…De todas esas cosas positivas que te dan vida pero, a un mes vista de mi regreso, lo que siento es una profunda pena. Después de haber estado siete meses en esta casa, con esta familia, de sentirme una más, un extraño sentimiento permanece en mí.

Ya conté en la anterior entrada cómo me he ido sintiendo en cada momento, mi día a día. Tanto lo bueno, como lo malo. Pero lo positivo es que estas familias, y hablo en plural, porque aquí no sólo he tenido una, sino dos, no dejan de involucrarse con nosotras y hacer que lo pasemos lo mejor posible. 

El fin de semana pasado, la host-family de María nos llevó a Kerry, donde pasamos un lovely finde en su caravana. El mismo sábado, cuando llegamos, nos invitaron a cenar a un restaurante con magníficas vistas al mar. Un lugar precioso. Además, el tiempo se portó bastante bien y pudimos disfrutar de algunos rayos de sol (sí, aquí estos hay que contarlos).  DSC09149Los niños radiaban de felicidad, allí se sentían libres y correteaban para arriba y para abajo. Ya de noche, con la host-mom, nos quedamos en la caravana, bebiendo y hablando hasta altas horas de la madrugada. El día siguiente ya fue muy diferente porque la lluvia nos estuvo acompañando todo el día.

Pero aun así, no nos fastidió el viaje, puesto que no nos impidió hacer una barbacoa a media tarde y disfrutar de la compañía de ellos y de los niños. 

Un fin de semana diferente, donde cambiamos Cork por Kerry, y una nueva experiencia más que sumar al carro de nuestra vida: dormir en caravana. 

Hay personas que deciden venirse de Au pair porque no saben qué hacer con sus vidas, otras, como nosotras, quieren mejorar el idioma y otras que, solo conciben el ir al extranjero para salir de fiesta. Yo no vine buscando fiestas. Obviamente, he salido alguna que otra vez a alguna discoteca. Muchos me preguntan que cómo he “aguantado” viviendo en un lugar tan lejano a todo. Es cierto que se hace duro, pero para mí, no por el tema de la fiesta, sino por el no poder ir a tomarte un café con tu amiga o despejarte un poco de la casa. Aun así, no me arrepiento de nada. De nada. Estoy feliz, muy feliz con esta familia. Una experiencia de vida totalmente diferente. Hay personas que dicen que no importa el lugar donde estés si la compañía es buena, ¿no? Pues esto es lo que me ha pasado a mí.  Además, hemos tenido nuestras fiestas particulares en Rylane.

Dos meses después de empezar esta aventura, compañeras de la academia me dijeron que pronto me cansaría, que las familias se cansan de las au-pair o que al principio lo dan todo y que, con el tiempo, ya no es lo mismo, y la relación es solo de”trabajo”. Tengo que contradecir todo ello puesto que, en nuestros casos, el de María y el mío, todo ha ido a más. 

Este fin de semana han estado aquí en Cork nuestras familias. Tenía muchas ganas de pasar tiempo con ellas, de enseñarles cómo ha sido mi vida en estos últimos siete meses, que conocieran el tiempo que me ha acompañado (y bien que lo han conocido).

El viernes estuve en casa de los abuelos de los niños cuidando a mi pequeño y ellos me llevaron a Cobh, otro lugar costero que no conocía, muy cerca de Cork.

DSC09255 Lo cierto es que pasé una mañana diferente al resto, y en muy buena compañía. Ellos son adorables. Pero mientras yo, ajena a todo, conocía otros lugares, mi “host-mom” fue a recoger a mi hermana y a mi madre al aeropuerto para llevarlas a casa de sus padres y así se reunieran conmigo. Yo, no sabía nada.  Un precioso detalle para empezar.

El fin de semana ha pasado volando. Les enseñamos los bares más famosos de Cork, Oliver Plunket y Old Oak, donde algunas se hartaron de bailar y también fuimos a la Universidad, donde mi madre me preguntó si quería estudiar algo allí porque la Universidad le había gustado. Al día siguiente, a pesar de que el tiempo no nos acompañaba fuimos a Killarney (nuestro tercer viaje a este lugar pero que merece la pena visitar). Allí volvimos a hacer el recorrido en carro de caballo hacia Muckross House y terminamos en el pueblo, donde hicimos una parada para comer y visitar un pueblo típico irlandés.

El domingo visitamos Blarney Castle, ¡por fin! Muchos nos habían hablado muy bien de este lugar y aún no nos habíamos decidido a ir. Así que, ¿con quién mejor que con nuestras familias? No puedes marcharte del Castillo de Blarney sin besar la piedra de Blarney. Si lo haces, tendrás el don de la elocuencia. Menos mal que algunas no lo hicieron…

Pero el viaje no acabó ahí sino en mi casa, al menos, el de María y el mío, ya que nuestras familias irían al día siguiente a Dublín. Nuestras hosts-families organizaron una cena brillante donde no faltó nada de comer ni de beber. Nuestras madres estaban encantadas con los pequeños y mi hermana hizo muy buenas migas con los niños, ¡cómo no! ¡Ella en su salsa! La verdad es que María y yo esperábamos con ansias este momento, donde nuestras familias por fin se reunirían y “las de verdad” sabrían con quién hemos compartido estos siete meses. Yo tenía ganas de presentarles a mis niños, a los que voy a echar muchísimo de menos ya que hemos pasado muchísimas horas juntos. Pero no sólo tenía ganas de presentarles a los más pequeños, también a estos “niños grandes”, los que han estado ahí, esforzándose por hacer todo lo mejor posible con nosotras, dándonos todo y haciéndonos sentir como en casa. No me sale nada más que agradecerles cómo me han hecho sentir durante mi estancia en la casa y cada detalle que han tenido con nosotras. 

todos

Hannah, mi niña de diez años me ha preguntado alguna vez si volvería a irme de Au pair. Mi respuesta es clara a pesar de que soy de esas personas a las que no les gusta decir “nunca” ni “siempre. No. Pero no por haber tenido una mala experiencia, sino por todo lo contrario. ¿Otra familia? ¿Otro proceso de adaptación? Aquí han dejado el listón demasiado alto (quizás este miedo también puede que lo tengan ellos cuando contratan a diferentes au-pairs). Pero es demasiado fuerte el cariño que le he cogido a esta familia, el amor que le tengo a este enano, el agradecimiento que siento cada vez que los veo llegar. Este mes va a ser duro porque va llegando el final y ello me produce una tristeza enorme. Ni de lejos esperaba que esto me fuera a suceder. Ni de lejos. 

Un pensamiento en “Lovely days

  1. Niñata esto me emociona mucho porque sabes que pienso exactamente igual que tú. Yo tengo mil ganas de volver porque echo mucho de menos a ciertas personas y nuestras cosas de allí, sinceramente. Pero me hallo en una contradicción porque, al mismo tiempo, siento todo eso que describes, una inmensa pena, no por quedarme, sino porque ellos, ESTAS DOS FAMILIAS ENCANTADORAS, no puedan trasladarse con nosotros a España de repente. Habría de existir, como en tantas ocasiones he dicho, un “teletransportador”, que te trasladase allá donde necesitaras en el momento que te hiciera falta y justo durante el tiempo que quisieras.

    Nada de es real…todavía. Podríamos intentar crearlo, yo ando en la búsqueda de quien sea capaz de ello. Pero mientras tanto, toca vivir ese “echar de menos” permanente en el que se basa la vida.

    No obstante, y como siempre digo, echar de menos significa cosas muy bonitas que nunca jamás deben evitarse y que, además, TODOS deberíamos intentar demostrar SIEMPRE con claridad a la persona por la que sintamos todo eso que estemos sintiendo.

    María ^^

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