Londres (I)

Hace dos meses reservamos los vuelos que nos llevarían a una ciudad que nos haría pasarlo increíblemente bien. Los días iban pasando y siempre  nos lo anunciábamos con ilusión: “un mes kiya”, “17 días”, “dos semanas”, “una semana”, “mañana nos vemos”, “¿todo listo?”. DESTINO LONDRES.. Tres días para recordarlos durante toda nuestra vida. Un sueño cumplido. Un viaje simplemente PERFECTO.  

El viernes 28 de febrero nos reuniríamos María y yo con nuestros novios y con su hermana en la ciudad de Londres. Bueno, mejor dicho, el viaje empezaría este día pero no sería hasta un par de horas pasadas de las 00.00 cuando verdaderamente llegaríamos a nuestra meta: estar los cinco reunidos en un apartamento en la zona de Brixton. Un lugar perfecto donde únicamente pasábamos las noches, ya que teníamos muchos planes en mente.

Sentimientos a flor de piel cuando nos reencontramos. Sonrisas y más sonrisas mientras nos poníamos al día y debatíamos sobre a dónde ir en primer lugar. Estar con mi novio, mi mejor amigo, mi mejor amiga y la hermana de ésta hizo que mi sonrisa no cesara en ningún momento del viaje. Ello queda demostrado en tantas fotos que hemos podido hacer. Aunque he de decir que alguna que otra vez nos acordamos de mi hermana, quien podía haber venido con nosotros y quien hubiese retrasado todos los planes. Pero no importa, hubiésemos estado dispuestos a pagar ese precio porque viniera. 

El viernes fue un día largo, donde, en el trayecto de la Estación de Liverpool Street hasta Brixton pudimos disfrutar, María y yo, de las magníficas vistas nocturnas de Londres.  Londres tiene varias caras, y ésta, la nocturna, es una de las más maravillosas desde mi punto de vista. Durante este recorrido vimos las principales atracciones turísticas, donde, con detenimiento, nos pararíamos los días posteriores con nuestros acompañantes.

En un principio pensaba que la falta de sueño sería un problema a la hora de visitar tantos lugares como teníamos previsto. Pero no fue así. Desde las ocho de la mañana todo el mundo en planta para empezar nuestro día, nuestro desayuno, nuestras charlas, nuestro planing y rumbo a la boca del metro (esa ya tan conocida y amiga).

El sábado por la mañana nos dirigimos en primer lugar a Notting Hill, donde pudimos ver el Mercado de Portobello. Un barrio lleno de tiendecitas y sobre todo, de mucha gente, donde Elena y yo disfrutamos de un magnífico crepe de nocilla. Nuestro antojo pudo con nosotras. Una de delicia que no podíamos dejar escapar. Después de estar un rato por allí nos dirigimos a la zona de la Abadía de Westminster,  el Big Ben, el London Eye…Por supuesto, turistas por todos lados.  Si en algún momento te sentías perdido (que no ha sido nuestro caso) solamente tenías que seguir a la muchedumbre.  

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Lo cierto es que fuimos muy afortunados al contar con un espléndido tiempo. El sol brillaba, el cielo estaba azul y no se veía una sola nube. Lejos de lo que predecíamos, el tiempo estuvo a nuestro favor, al menos durante el sábado y gran parte del domingo. Gracias a ello pudimos disfrutar aún más de nuestra estancia en este país de gran riqueza cultural. 

Artistas por las calles, músicos, personajes, un lugar mágico y encantador donde no tienes por qué tener prisa si vas a hacer turismo. Cada calle tiene su encanto. Pararte y observar tu alrededor es una de las maravillas de esta enorme ciudad. Pero ¡ten cuidado! Ponte a un lado o te llevan por delante puesto que allí todo el mundo tiene prisa y ver a la gente comiendo y tomándose un café por la calle es lo más común.

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La siguiente gran parada fue en el Museo de Historia Natural de Londres.  Una visita obligatoria. De allí nos dirigimos hacia los almacenes  Harrods pero hicimos antes un alto en el camino para disfrutar de una merienda ya que debíamos reponer fuerzas. Todo el mundo habla maravillas de estos almacenes pero, siendo sincera, aquel no era nuestro sitio, y hablo en plural. Está bien visitarlo pero no detenerte demasiado en ver tiendas caras donde sabes de antemano que no vas a comprar nada.  

Aproximadamente una hora después ya nos encontrábamos en Picadilly, en todo el centro de Londres. El ambiente no decaía. Gente por todos lados, esas prisas…Allí visitamos el Zoo bar, un buen sitio para tomarte unas copas y para encontrarte con amigos (cosa que hicimos tanto sábado como domingo). Chinatown fue el siguiente destino ya que se sitúa muy próximo a Picadilly.

Un día aprovechado al máximo de principio a fin. ¿Cansancio? Tampoco demasiado. Cuando de verdad quieres algo y estás tan a gusto apenas te paras a pensar en esto. 

Antes de  llegar a Londres pensamos si coger el famoso autobús turístico que dicen que es una buena inversión pero, realmente, si coges el metro (the tube), y estás dispuesto a andar puedes ver prácticamente todo, o al menos, lo que más te interesa de la ciudad. De hecho, nosotros preferimos andar y disfrutar del ambiente callejero y no perdernos detalle de nada. 

Continuará….

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