Dublín: Microvidas

“Life is a succession of magical, homesick, sad and lovely moments”  

Cuando se está tan a gusto en un momento de tu vida el tiempo vuela y esto es lo que nos ha pasado este fin de semana en Dublín. 

Lejos de lo que esperaba, este fin de semana ha estado increíblemente bien. Sabía que si nos encontrábamos con nuestra amiga Noelia esto sucedería pues, teníamos unas inmensas ganas de pasar tiempo con ella pero lo que no esperábamos era encontrar a tan maravillosas personas por el camino.  

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Y es que esto suele pasar en la vida cotidiana, cuando tienes grandes expectativas y al final el resultado puede que no sea el esperado pero cuando tratas de no planificar las cosas y van saliendo por sí solas, el resultado puede saber mejor. 

Todo empezó el viernes después de trabajar, cuando quedamos en el  Mahon Point con Jorge, un muchacho al que conocimos hace un par de fin de semanas en el partido Atlético-Barça pero donde no tuvimos la oportunidad de entablar una gran conversación. De todos modos, tendríamos el camino en coche rumbo a Dublín y todo el fin de semana para ponernos al día. 

Lo cierto es que no soy muy fan de dormir en hostales en habitaciones compartidas con personas desconocidas pero ha sido la manera más fácil (económica) para permanecer en la capital de Irlanda. Además, la segunda noche sí la pasamos con el resto de las chicas con las que fuimos al viaje. 

Jorge nos presentó a sus amigos, los segovianos, un grupo de chicos que me ha sorprendido gratamente puesto que, sin apenas conocerlos, enseguida cogimos confianza y ya estábamos en su cuarto haciendo lo propio de un viernes por la noche: tomar unas copas antes de salir de fiesta. 

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No voy a discriminar a Allan, el único irlandés entre nosotros, quien ha demostrado tener un gran corazón y que, además, nos ha ayudado para no dejar de lado el inglés entre tanto español. 

El sábado por la mañana llegó Macarena, la nueva adopción de Noelia, otra chica cordobesa muy simpática y con la que me he tenido que reír bastante este fin de semana. La verdad es que me alegro mucho de que se hayan encontrado la una a la otra porque, cuando se vive muy lejos de tu verdadero hogar, es un gran apoyo estar el día a día con otra persona con la que puedas disfrutar de esta experiencia au-pair. 

La primera parada del sábado por la mañana fue en la Guinness Storehouse, y sí, entré a pesar de que no me gusta la cerveza. Allí hice un intento en la degustación pero no hubo manera, y luego, la copa que te regalaban en la última planta donde había unas vistas maravillosas de toda Dublín, terminé regalándola.

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Continuamos nuestro paseo por Dublín donde hicimos ganas de comer, visitamos un castillo (bueno, las afueras), Trinity College, cómo no, un Subway…¡Cómo se echan de menos las tapitas! 

Esa noche volvimos a juntarnos todos, pero esta vez en nuestro cuarto, y cuando menos se lo esperaba María, apagamos las luces y bajamos con un bizcocho y sus respectivas velas cantando el “Cumpleaños feliz”. Y, por supuesto, cayeron algunos gorditos de princesa. Se merecía celebrar su cumpleaños en condiciones y ser la protagonista de la noche. No se cumplen años siempre en otro país. Puede resultar nostálgico el no estar con los tuyos pero al menos, si estás pasándolo bien y estás con personas estupendas, algo digo yo que compensará.

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Esa noche también acabó muy bien, en la misma discoteca. Y al día siguiente continuamos de ruta por Dublín.

Lo pequeño que parece a veces que es el mundo. En Dublín nos encontramos a un antiguo vecino que tuvimos en Sevilla con el que habíamos hecho amistad y del que no teníamos ni idea de dónde andaría ahora. Fuimos a dar con él en nuestra búsqueda de la Guiness Storehouse. ¡Casualidades!

El título de este post realmente se lo debo a Noelia, ya que fue ella, quien, comiendo en una pizzería en Dublín, tras despedirnos de los segovianos dijo que nuestra vida es una sucesión de microvidas. Y cierto es, pasamos por diferentes etapas en nuestras vidas, etapas que se van cerrando. Vamos a la guardería, luego al colegio, después al instituto, a la facultad (éste tan sólo es un itinerario, el mío vaya, de los muchos que podrían existir), luego decides irte al extranjero. Pero en todas esas etapas vas conociendo a gente, personas que se suman y otras que se van quedando por el camino. De todas se aprende algo, algunos momentos se vivirán con mayor alegría e intensidad que otros pero yo creo que siempre solemos sacar lo positivo  y lo mejor de cada pequeña vida. 

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Fue un momento de reflexión, de ¿nos volveremos a ver? ¿Por qué las buenas personas no se pueden quedar siempre? Pero es que en esto consiste la vida…y quién sabe, quizás en un futuro cuando esté por San Francisco me encuentre con cualquiera de vosotros por la calle y os pregunte, perdona, ¿sabes dónde está el Golden Gate Park?

Un pensamiento en “Dublín: Microvidas

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