No todos los días son iguales

Ser una persona optimista ayuda mucho, por su puesto, pero como toda persona siempre hay momentos de debilidad, donde nos sentimos impotentes, creemos que no vamos a ser capaces de llevar las cosas hacia delante, se nos viene el mundo encima. Suena el despertador, un día más, no tienes ganas de levantarte, de abrir los ojos, te encuentras cansada. Algunos días son más duros que otros, agotadores… Pero te das cuenta de que es ley de vida, tienes que plantar los pies en el suelo, abrir bien los ojos, mirar por la ventana y agradecer que no llueve por estos lugares (eso lo valoro muchísimo). 

A veces es difícil ser consciente de lo que tenemos por nosotros mismos y necesitamos un empujoncito, un abrazo, unas palabras de aliento, un gesto. He de mencionar en este preciso momento a mi gran pequeña amiga María, quien no lo está pasando muy bien en estos momentos debido a circunstancias familiares. Pero aun así ella es fuerte, abre los ojos cada mañana y se enfrenta a dos personajillos a los que le aporta muchísimas cosas cada día, les da amor, les riñe cuando debe y sobre todo, les enseña, tal y como su madre le enseñó a ella. Esta pequeña persona es a su vez, muy grande.

Siempre es un buen momento para escribir, estés triste o feliz, el estado anímico tan sólo es la excusa, y a los que nos guste hacerlo, lo sabemos bien. Es cierto que me gustaría escribir más continuamente, pero trabajar durante diez- doce horas al día, es un tanto cansino y lo que luego me apetece hacer es desconectar mi mente, escuchar música, incluso ir a mis clases de boxeo donde me desahogo con un saco de boxeo. Gran momento éste. Llevo unos días en los que mi pequeño bichito es un trasto y no sé qué hacerle pero es en estos momentos cuando pienso en las cosas que me aporta. Es muy sonriente y le encanta hacer gimnasia por las mañanas; le encanta que lo cojan en brazo, pero no puedo hacer eso continuamente, no le puedo conceder el capricho, así que lo que hago es sentarme en el suelo, a su altura y él se sienta encima de mí muy satisfecho; también me da abrazos, sonríe y verle dormir sobre mí me da muchísima paz y tranquilidad. Esta experiencia es recomendable para personas a las que verdaderamente les guste los niños.

El encanto de Irlanda

Quizás el encanto de Irlanda no reside únicamente en un lugar concreto, en una ciudad o un pueblo, sino en su conjunto. De momento sólo conozco una ciudad aquí, Cork, en cambio, sí que estoy conociendo pueblecitos y esos largos caminos para llegar a ellos. Ya dije en la primera entrada que era muy afortunada con mi familia por cómo son conmigo, su día a día y porque me llevan a conocer distintos lugares con gran ilusión (eso pienso). Mi primer destino con la familia (aparte de aquella bienvenida con vino en un precioso bar) fue Killarney, un pueblecito acogedor que me recordaba a aquellos lugares que sólo salen en las películas. Pero lo más bonito estaba a seis kilómetros de allí, Muckross House y sus preciosas vistas.  Un lugar muy recomendable. Por supuesto, cuando nuestros queridos novios vinieron a visitarnos tuvimos que volver allí. La verdad es que la primera vez que fuimos el tiempo se portó mucho mejor, el sol radiaba y pudimos disfrutar mucho más del camino hacia Muckross House, pero con lluvia y frío, también tiene aquello su encanto, sobre todo, si vas bien acompañada. Aunque he de decir que un cuervo casi se come nuestra comida. Eso no hubiese sido divertido. Y bueno, eso de comer al aire libre un bocadillo…mejor dejarlo para nuestro querido parque del Alamillo, Sevilla.

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Otro lugar pequeñito, al que fuimos con la familia hace dos domingos fue Glengarriff. Nos encantó tanto el pueblecito como el extenso campo que lo rodea. Estos lugares nos regalan unas magníficas vistas donde poder disfrutar tan sólo contemplando el paisaje o comiéndote un muffin de chocolate en un banco frente a un inmenso lago. Fue también allí donde me explicó ella la historia del leprechaun, el famoso duende irlandés. Saltándome el orden de los acontecimientos, he de decir que antes de ir a Glengariff, la mamá de “my host family” nos llevó a la pequeña iglesia donde ella se casó. Un lugar encantador y perfecto para una sesión de fotografías de boda.

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Así que, lo mejor para viajar a Irlanda es ir en coche y recorrerte muchos lugares en lugar de quedarte únicamente en una ciudad. También depende mucho de lo que quieras hacer. Si tu motivación es salir por la noche de fiesta, que por cierto, el ambiente es muy bueno, puedes pasar la noche en Cork, donde hay muchos pubs y mucha cerveza.

Durante mi estancia aquí espero ir a muchos sitios con María, Laura (nuestra nueva amiga madrileña) y toda la gente que se vaya apuntando. Viajar es enriquecedor.

La próxima actualización se la dedicaré por completo a Cork. ^^

2 pensamientos en “No todos los días son iguales

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