Añoranza de viajar

Viajar, vivir nuevas experiencias, ilusionarte, planificar, hablar sobre la próxima aventura, sonreír, conocer mundo y revivir ese viaje después. Últimamente esas ganas de viajar se han vuelto a intensificar, quizás, como suele pasar con lo “prohibido”, más ansias tienes cuando no puedes hacerlo.

Desde hace cuatro años, estos días, coincidiendo con el festivo de hoy, los he pasado en diferentes lugares. En 2016 estuve en Nueva York con mi amiga María. Un viaje que me hizo cumplir un sueño y aún pienso en ese viaje y sigo pensando que no fue real. Hay quienes dirán que la ciudad está sobrevalorada por todo lo que nos han vendido sobre ella, pero yo puedo asegurar que es una ciudad maravillosa y que me encantaría volver. La vivimos en otoño, una estación preciosa por su colorido y para ver el Central Park como yo lo quería ver (como en las pelis, sí) pero la próxima vez quisiera ir en invierno para verla nevada.

María y Cris en el Time Square, New York.

En 2017 estuve en Trento, al norte de Italia, estuve de monitora en un intercambio juvenil. Aquello fue también una vivencia muy bonita ya que aquella ciudad y, sobre todo, aquel lugar alejado, viviendo casi en medio de las montañas, era un lugar donde se respiraba paz. Recuerdo levantarme temprano y echarme a andar por el campo con esos colores otoñales. Comencé haciéndolo sola, pero iban pasando los días y cada vez, más jóvenes me acompañaban en mi caminata.

Trento, Italia.

En 2018 tocaron tierras españolas, concretamente estuve con Pablo en la sierra de Cazorla. Fue también un viaje de desconexión, una especie de retiro para disfrutar de nuestra compañía y conocer sitios que yo no conocía. Además, tuvimos la suerte de toparnos con nieve lo cual me hizo especial ilusión y nos encontramos con zorros que nos perseguían esperando ser alimentados, cosa que no consiguieron. Aquella fue una escapada que ambos disfrutamos bastante.

El Pableichon y la Cris.- Cazorla.

Y en 2019 tocó París con nuestros amigos.  Llevábamos meses planeando este viaje ya que teníamos que conocer a nuestra “sobri”, que había nacido un par de meses antes y estábamos deseosos de conocerla y volver a ver a nuestra amiga María. Esta supondría mi tercera vez en París, pero es que París siempre te atrapa, y más, cuando tienes allí a grandes amigos. Nunca te cansas de ver esa ciudad.

Bienvenida a París.

Hace unas semanas, una chica que se encuentra con un programa en Milán habló sobre su experiencia al conocer esta grandiosa ciudad y los beneficios de conocer nuevos lugares. Con su escrito me evocó lo que yo siento cada vez que viajo y pongo un pie en un lugar desconocido. Me transmitió muchísimo también con sus fotos ya que enseguida adiviné los lugares, sitios donde yo había estado (Milán y Lago de Como). Aquel escrito y aquellas fotos me hicieron pensar y ponerme a revisar mis fotos de cada viaje en los últimos años. Además de los lugares señalados, Bruselas, Brujas, Gante, Viena, Budapest, muchas ciudades italianas, Berlín, en España Madrid, Cantabria, Bilbao, Salamanca, La Coruña, Asturias, sierra de Granada, playas de Almería etc. Cada lugar es único y, como siempre digo, la compañía hace mucho. También adoro viajar con mi hermana por la compenetración que tenemos, además, las risas están aseguradas. Hace poco hablábamos justo de esta emoción que se siente al viajar. Creo que últimamente es el tema también con amigos. Anhelo de viajar.

Hermanas Reyes por el mundo. Viena.

Ahora nos encontramos en plena pandemia mundial y, ante todo, hay que cuidar la salud de la ciudadanía, estamos de acuerdo, pero no puedo dejar de añorar las ganas de planificar un viaje y hacer estas escapaditas que te hacen renovar energía y ser feliz descubriendo lugares nuevos (incluso repetir merece la pena). Aunque lo desconocido siempre es lo más emocionante, incluso perderte tiene su emoción. A pesar de que me guste planificar los viajes para no perderme nada, también me gusta dejar un margen que me permita sorprenderme aún más, e indagar por lugares que no estaban escritos en nuestro plan.  Y qué decir de la comida, este también es un punto importante ya que las paradas de descanso las marcan las comidas, y a mí, como cierta personita italiana me enseñó, me gusta probar cosas típicas de cada lugar.

Descubrir nuevos lugares, dejarte sorprender por las maravillas del mundo y evadirte de tu realidad, de tu cotidianidad. Quien no viaja no puede saber qué es esta emoción. El viaje, además, no comienza cuando pones un pie en el destino sino mucho tiempo antes, inicia con los preparativos, la planificación y la ilusión. (Con Oslo solo nos pudimos conformar con esta parte ya que en marzo no nos fue posible viajar). Además, también ilusiona mucho el entrar en un aeropuerto sabiendo lo que te espera-esto no todos lo compartirán por ese miedo que pueden tener al coger un avión- pero desde luego, a mí me encanta esa sensación. Esperar, ir con tiempo, darme una vuelta por el aeropuerto, tomarme un café, ver las tiendas, el movimiento de la gente y que entren esos nervios al ver que ya tu puerta de embarque está abierta.

Foto típica de Cris en un aeropuerto. En esta ocasión, a la derecha, la pierna de su hermana.

Un viaje conlleva todos esos aspectos, hablar de ello, crearte expectativas y luego cumplirlas o superarlas, rara vez decepciona un viaje porque siempre te vuelves con una experiencia nueva y con miles de anécdotas que contar, sobre todo, cuando los compartes con personas con las que tienes tanta afinidad. La compañía importa. Puede que la ciudad te haya gustado más o menos pero la aventura es única y rara vez, en mi caso, nunca, ha habido arrepentimiento.

Este año ni Noruega ni Ucrania ni Portugal, estos eran mis destinos programados para 2020 pero este 2020 es un tanto particular. Ya le dedicaré otro post a este año. Esperemos que todo pase pronto y que volvamos a poder disfrutar de las cosas que nos gustan a cada uno, a mí, particularmente, viajar. 

Nuestra burbuja

Era una noche como otra cualquiera. Estaba con mis amigas en un pub de fiesta, bailábamos, lo pasábamos bien. En cierto momento de la noche decidí sentarme en un taburete y aislarme un poco en mis pensamientos mientras mis amigas seguían bailando al son de la música. Miré entre un grupo de amigos, dos chicas y dos chicos que superaban los 30. Al principio pensé que podía tratarse de dos parejas pero al quedarme ensimismada mirándolos me di cuenta de que la chica morena de pelo corto que bebía de manera seductora de una botella de cerveza me miraba. Su actitud me inquietó.

Pensé que cruzamos miradas de manera casual hasta que me di cuenta de que me observaba con una peculiar sonrisa. Desvié la mirada en varias ocasiones pero aquella mujer me producía curiosidad. Ambas estábamos en el lugar equivocado con la gente equivocada pues yo no oía más a mis amigas y ella tampoco prestaba atención a su círculo. Se creó una burbuja imperceptible para el resto. Un momento íntimo en el que estoy segura, deseamos aislarnos y darnos al encuentro en otro lugar, a solas.

Tras unos minutos regresé a mi realidad y tras volver mi mirada hacia donde estaba ella ya no se encontraba allí. Sentí la decepción, aunque por otro lado, también alivio. Poco después volvió a aparecer y a dedicarme una impecable sonrisa. Seguramente habría ido al baño aunque no estoy segura de la intención. La noche pasó rápido con un vacío de palabras. Fui a recoger mi abrigo que se encontraba muy cerca de ella por lo que la rocé, aunque a decir verdad, intencionadamente. Ella lo notó. Volví con mis amigas mientras le dedicaba una mirada llena de complicidad. Poco después pasó detrás de mí buscando la salida y me dedicó la mejor de sus sonrisas como si no hubiésemos parado de hablar durante toda la noche y nos conociéramos a la perfección.

¿Y después qué? A Chiclana…

Playa La Barrosa

Un café en una de esas terrazas de la primera pista con el mejor de los paisajes delante de ti, La Barrosa, y contemplando el Castillo de Sancti Petri al fondo, siempre en buena compañía.

Sentir el levante o el poniente en la cara, hasta eso se agradecerá. 

Un paseo por el centro de Chiclana un sábado por la mañana mientras te cruzas con familiares, amigos y conocidos a los que les dedicas una sonrisa sin tener que guardar un metro de distancia.

Echar un cachito en la panadería con mi amiga.

Celebrar todos esos cumpleaños que han quedado en el tintero.

Una merienda, como las que a nosotros nos gusta, con charlas interminables en La Butrón.

Una reunión de amigos al aire libre o en casa de alguno, pero juntos, escuchando las carcajadas a viva voz o tomando esa cerveza fría de barril en La Alegría.

Ir a mi casa y disfrutar de mis padres sin tener que guardar distancias.

Ir a casa de mi tía y ponernos al día (o lo que es lo mismo, cotillear). 

Ir a los chiringuitos y tomarme un aperol.

Bajar la cuestecita de la Loma del Puerco para ir a la playa.

Un baño en la tercera pista y tomar el sol entre las dunas. 

Un baño nocturno a la luz de la luna.

Un paseo por los puntos mágicos sintiéndonos libres pero cogidos de la mano.

Una reunión con tus familiares dando besos y abrazos a todos.

Enseñar a amigos extranjeros mi ciudad (o pueblo grande), haciendo un recorrido por  la Alameda, la calle La Vega, la Plaza, la Plaza de las Bodegas llegando hasta el Museo del Vino y la Sal, dar marcha atrás y llegar a la Iglesia Mayor sin dejar de ver el Museo de Chiclana, continuar el paseo y llegar al parque de Santa Ana y llegar a la ermita. Hay que subir y ver todo desde allí arriba. 

Dar un paseo con Kobu por las marismas sintiendo ese olor a sal.

Cruzarme con mis compis de los medios mientras me cuentan dónde van.

Ir de compras con mis primos mientras  hablamos de nuestros proyectos. 

Fundirme en un abrazo con mi hermana y luego “prenderla in giro”.

Pasar sobre las 13.00 horas por Emilio Oliva y sentir ese olor a tortilla de patatas, sus montaditos…Continuar hacia adelante y sentir la alegría que se desprende desde La Flamenca. 

Escuchar el sonido de la fuente que está justo enfrente del Ayuntamiento y ver a la gente pasar por allí sin prisas.

Ir un domingo por la mañana a Sancti Petri y comer un montadito de atún de la Sole acompañado de una caña. 

Ver los veleros por Sancti Petri y hacer fotos de los atardeceres desde el muelle. 

Preparar el próximo viaje para volver con nuestro hashtag #sempreingiroamangiare.

Atardecer en La Barrosa. Chiclana. 

Ir de conciertos al Concert Music Festival

Planificar vacaciones, fines de semana y perdernos en cualquier lugar.

Estas solo son unas cuantas cosas que se me pasan por la cabeza ahora. Soñemos con el día que podamos volver a hacer todo esto y ayudar a nuestros vecinos y a nosotros mismos a levantarnos. Que si hay que salir más veces a tomar algo o a comer fuera, se hará.

Chiclana se levantará y volverá a ver a su gente pasear hasta llegar a su Mercado de Abastos sin miedo alguno. 

Tiempo para reflexionar

Todos tenemos algo dentro de nosotros mismos que nos inquieta. Algunos piensan en el trabajo, otros en los viajes que les queda por hacer, otros en formar una familia, otros en ganar más…A mí lo que siempre me ha preocupado es el tiempo, por eso siempre he hecho lo que he querido aunque a veces me lo cuestione, ¿estoy haciendo de verdad lo que quiero? ¿Aprovecho bien el tiempo? No me gusta ver los días pasar sin más, sabiendo que podría hacer más o, al menos, cosas que de verdad me gustan. Este es el eterno debate que mantengo con una gran amiga.

Ahora, desde hace una semana, nos obligan a quedarnos en casa, a privarnos de libertad, por nuestro bien y por el de todos. Libertad…otra palabra que me tatuaría a fuego. Libertad e independencia. Luchamos y luchamos porque siempre queremos más (y no hay que bajar la guardia) pero ahora que tenemos tiempo vamos a sentarnos y vamos a pensar en lo que estábamos haciendo hace tan solo dos semanas. Salir de casa a las 7.30 de la mañana para ir a la oficina y reunirme con mis magníficos compañeros. Cuando el ambiente de trabajo es agradable el tiempo pasa más rápido. Salir de la oficina e ir a comprar con total tranquilidad deteniéndome para hacer una foto al río con los patos sabiendo que puedo estar ahí el tiempo que quiero. Salir e ir al gimnasio y ver un maravilloso atardecer. Hace unas semanas estaba planeando con mi novio y amigas nuestro viaje a Oslo, viaje que, como es obvio, ya no podemos hacer, veremos para cuándo podremos retomar la idea.

La primavera ha llegado de una manera triste. Yo me veía ya en un chiringuito con un mojito, en la playa, yendo a tomar algo y pudiendo ver a mis padres cada vez que quisiera. Impotencia, frustración y tristeza no poder estar con los tuyos pero…todo no van a ser lamentaciones, ¿no? Yo tengo la suerte de estar con mi pareja y hacer que los días pasen de la manera más amena posible. Hay quien todo esto le ha cogido estando solo, así que no seamos tan egoístas. Reflexionemos y tratemos de sacar partido a las horas muertas. Con nuestro día a día solemos procrastinar, algo que hacemos día sí y día también. ¿Cuántas veces has dicho a una persona que vas a llamarla luego y después no lo haces? Nuestro día a día nos suele limitar y hace que nos olvidemos de pequeñas cosas y también de personas. 

En estos días si hay algo que me emociona es salir a las 20.00 horas para aplaudir. ¡Qué cosa! Es un momento de unidad. Todos vamos a una. Es verdad que desde aquí precisamente no escucho muchos aplausos pero sé que en otros lugares lo están haciendo y no paran de llegarme vídeos. Tenemos que agradecer a los sanitarios y a tantas personas que exponen su vida ayudando a los demás la gran labor que están haciendo. Me emociona ello al mismo tiempo que pienso en todas las personas que han perdido y van a perder la vida. Vida, otra palabra maravillosa, quien me conoce sabe bien lo que la valoro y el temor que tengo a perderla. 

Hablaba de procrastinar…Ahora, ¿para qué? El momento es ahora, como siempre debería ser, pero ahora tenemos menos excusas. Ya me había acostumbrado a hacer una videollamada con mi grupo de amigas una vez a la semana antes de que esto pasara para sentirnos más cerca y más unidas, ahora lo hacemos hasta más veces…y ¡qué buenos ratitos de risas! También hablo más con mis padres y diría que también con mi hermana y mi prima…pero con ellas tengo tan estrecha relación que, de normal, es raro el día que no hablemos. Cuando se quiere, se puede. Pero en estos días me emociona también que me lleguen mensajes desde Irlanda, Italia, Ucrania, Rusia, Polonia, Grecia…de algunas personas con las que hace ya tiempo que no hablo pero que han sacado un ratito para preguntarme cómo va todo. Y estas cosas son de valorar. Lo que estamos viviendo es algo que aún me/nos cuesta procesar y las conversaciones siempre comienzan con un “esto parece de película….o un capítulo de Black Mirror”. Lo que estamos viviendo es algo histórico, históricamente triste, matizaría. Se trata de algo mundial y esta locura nos une a todos y nos hace que empaticemos aún más.

Está claro que cuando pase todo y podamos poner un pie en la calle volviendo a sentirnos con plena libertad no todos lo vamos a percibir de la misma manera porque habrá grandes estragos. La sociedad habrá quedado tocada y golpeada pero yo no veo el momento de poder ir a casa y abrazar a mis padres, que es lo primero que quiero hacer. También añoro la playa, pero esta sin ser compartida pierde mucho, quiero quedar con mis amigos y que nos forjemos en un gran abrazo (os estoy amenazando, lo voy a hacer). Quiero también disfrutar de unos churros y un café en mi centro de Chiclana, ir a la Butrón y cenar en mi lugar preferido. Ojalá podáis abrir todos vuestros negocios y sigáis creciendo. Quiero ver a mi hermana y hacerle de rabiar aunque esto lo haga siempre con una videollamada o como sea. Quiero hacer planes, quiero tener la libertad de quedarme en casa cuando quiera y disfrutar de momentos de karaoke. Quiero dar mil vueltas por mi centro con mis primos mientras hablamos de todo. Quiero hacer tantas cosas….pero hasta que esto se pueda hacer, me limitaré a sacar la basura e ir a comprar cuando sea necesario. Mientras, seguiré comunicando como puedo y con quien quiero a través del móvil, jugando a cosas estúpidas y riéndonos de nuestras tonterías porque todo pasará pero habrá que hacer algo mientras tanto, ¿no?

Y, para pasar el tiempo, me doy una vueltecita también por mis grandes momentos compartido con magníficas personas y mi Kobulín. No puedo decir que no disfrute de la vida 🙂

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Tres días en París…el viaje tan esperado

Se trata de la tercera vez que voy a París pero cada viaje a esta capital europea es especial. La primera vez estuve con mis padres y mi hermana (y con más gente), un viaje que recuerdo con bastante alegría, además, ¡porque fuimos a Disney!  ¡Cómo olvidarlo! Y era mi primer viaje en avión…¡Cuánto ha llovido! La de aviones que he cogido desde entonces. La siguiente vez fue el año pasado para el cumpleaños sorpresa de María…Y esta es la culpable de que haya vuelto de nuevo este año con Pablo y mis amigos…Y me da que será la culpable de que volvamos…Cada vez ha sido por algún motivo especial…Esta vez estábamos ansiosas por conocer a la peque de María y ver a Mamá María…¡Cómo suena! Y qué ganas tenía de abrazarlas. Sigue leyendo

Bruselas, Gante y Brujas

Un viaje que salió prácticamente de la nada. De una noche granadina, estando tomando las típicas cervecitas acompañadas de sus respectivas tapas en un lugar que ya es un clásico para Pablo y para mí. Así que, de querer pasar unas vacaciones tranquilas en mi Chiclana (con parada antes en Asturias) a pasarnos por Bélgica ya que nos cogía de camino para llegar a Chiclana. Sigue leyendo

Ella, tan blanca

Siempre estuviste en el mismo lugar pero hasta ahora nunca había sentido tanta felicidad al verte. Es lo primero que veo cuando me voy acercando. Siempre has estado allí pero poco me habías importado. En realidad me solía dar pena cuando la vislumbraba de lejos después de un viaje porque aquello significaba el final y el volver a donde siempre, a lo de siempre. Me daba pena e incluso enfado cuando la veía porque significaba regresar pero el tiempo pasa y todo cambia. La misma persona pero con sentimientos encontrados. Allí, a lo lejos, en la cima apareces tan bella, tan blanca, tan bonita. La veo y una sonrisa aparece por mi rostro. Estamos llegando, lo escucho en los motores y en las sonrisas, lo noto en el olor a salinas, ese que me lleva a mi hogar. Entonces la veo y sé que queda poco pero es inevitable pensar en una persona, en la piedra angular, la veo y la imagen de ese mismo templo pero desde otra perspectiva se asoma por mi mente. Desde aquella casa. Siempre tan presente, siempre tan viva. Algunos podrán entender de qué estoy hablando. Una ventana, un balcón y en frente, Santa Ana. Todo cobra un sentido distinto. La relación de la ermita con la piedra angular, con mi abuela, se hace inevitable. 

Santa Ana

Ahora, cuando me voy aproximando en coche, se cruzan muchos momentos, muchos recuerdos pero en la primera persona que pienso es en ella y en cuánto me encantaría que estuviese para ir a contarle mis hazañas y decirle que en realidad echo tanto de menos lo de siempre. Por mucho que pasen los años, y ya van más de siete desde que nos dejaste, a veces mi mente me juega malas pasadas y es en tu casa donde quiero hacer la primera parada. Como si fuera cualquier sábado por la mañana.

El tiempo pasa y ya las cosas no son como antes pero mi hogar será siempre mi hogar y no ha sido hasta ahora cuando he llegado a valorar este punto del mapa y todo lo que le rodea. Y es llegar a casa y esbozar una sonrisa al ver que a ellos sí los puedo seguir abrazando. 

Allí, es allí. Es en ese pequeño lugar sureño donde se encuentran las personas que más quiero, mi familia y los amigos de toda la vida, y un futuro que aún está por llegar.

Berlín en 5 días

Decía siempre mi abuela, “¿qué es lo peor de los helados? Que se acaban”. Gran frase que yo la extrapolo a los viajes. Y es que, después del viaje que sea, siempre siento esa añoranza de verme rodeada de mis acompañantes de aventuras y de la inquietud de querer ver algo nuevo, de seguir conociendo mundo. Al despertarte después de un viaje todo parece un sueño y cada cual continúa con su rutina. De todos modos, esa es la parte que los hace especiales, salir de tu día a día y convertir los pequeños momentos en grandes anécdotas que recordar cada vez que nos veamos. Sigue leyendo