¿Y después qué? A Chiclana…

Playa La Barrosa

Un café en una de esas terrazas de la primera pista con el mejor de los paisajes delante de ti, La Barrosa, y contemplando el Castillo de Sancti Petri al fondo, siempre en buena compañía.

Sentir el levante o el poniente en la cara, hasta eso se agradecerá. 

Un paseo por el centro de Chiclana un sábado por la mañana mientras te cruzas con familiares, amigos y conocidos a los que les dedicas una sonrisa sin tener que guardar un metro de distancia.

Echar un cachito en la panadería con mi amiga.

Celebrar todos esos cumpleaños que han quedado en el tintero.

Una merienda, como las que a nosotros nos gusta, con charlas interminables en La Butrón.

Una reunión de amigos al aire libre o en casa de alguno, pero juntos, escuchando las carcajadas a viva voz o tomando esa cerveza fría de barril en La Alegría.

Ir a mi casa y disfrutar de mis padres sin tener que guardar distancias.

Ir a casa de mi tía y ponernos al día (o lo que es lo mismo, cotillear). 

Ir a los chiringuitos y tomarme un aperol.

Bajar la cuestecita de la Loma del Puerco para ir a la playa.

Un baño en la tercera pista y tomar el sol entre las dunas. 

Un baño nocturno a la luz de la luna.

Un paseo por los puntos mágicos sintiéndonos libres pero cogidos de la mano.

Una reunión con tus familiares dando besos y abrazos a todos.

Enseñar a amigos extranjeros mi ciudad (o pueblo grande), haciendo un recorrido por  la Alameda, la calle La Vega, la Plaza, la Plaza de las Bodegas llegando hasta el Museo del Vino y la Sal, dar marcha atrás y llegar a la Iglesia Mayor sin dejar de ver el Museo de Chiclana, continuar el paseo y llegar al parque de Santa Ana y llegar a la ermita. Hay que subir y ver todo desde allí arriba. 

Dar un paseo con Kobu por las marismas sintiendo ese olor a sal.

Cruzarme con mis compis de los medios mientras me cuentan dónde van.

Ir de compras con mis primos mientras  hablamos de nuestros proyectos. 

Fundirme en un abrazo con mi hermana y luego “prenderla in giro”.

Pasar sobre las 13.00 horas por Emilio Oliva y sentir ese olor a tortilla de patatas, sus montaditos…Continuar hacia adelante y sentir la alegría que se desprende desde La Flamenca. 

Escuchar el sonido de la fuente que está justo enfrente del Ayuntamiento y ver a la gente pasar por allí sin prisas.

Ir un domingo por la mañana a Sancti Petri y comer un montadito de atún de la Sole acompañado de una caña. 

Ver los veleros por Sancti Petri y hacer fotos de los atardeceres desde el muelle. 

Preparar el próximo viaje para volver con nuestro hashtag #sempreingiroamangiare.

Atardecer en La Barrosa. Chiclana. 

Ir de conciertos al Concert Music Festival

Planificar vacaciones, fines de semana y perdernos en cualquier lugar.

Estas solo son unas cuantas cosas que se me pasan por la cabeza ahora. Soñemos con el día que podamos volver a hacer todo esto y ayudar a nuestros vecinos y a nosotros mismos a levantarnos. Que si hay que salir más veces a tomar algo o a comer fuera, se hará.

Chiclana se levantará y volverá a ver a su gente pasear hasta llegar a su Mercado de Abastos sin miedo alguno. 

Tiempo para reflexionar

Todos tenemos algo dentro de nosotros mismos que nos inquieta. Algunos piensan en el trabajo, otros en los viajes que les queda por hacer, otros en formar una familia, otros en ganar más…A mí lo que siempre me ha preocupado es el tiempo, por eso siempre he hecho lo que he querido aunque a veces me lo cuestione, ¿estoy haciendo de verdad lo que quiero? ¿Aprovecho bien el tiempo? No me gusta ver los días pasar sin más, sabiendo que podría hacer más o, al menos, cosas que de verdad me gustan. Este es el eterno debate que mantengo con una gran amiga.

Ahora, desde hace una semana, nos obligan a quedarnos en casa, a privarnos de libertad, por nuestro bien y por el de todos. Libertad…otra palabra que me tatuaría a fuego. Libertad e independencia. Luchamos y luchamos porque siempre queremos más (y no hay que bajar la guardia) pero ahora que tenemos tiempo vamos a sentarnos y vamos a pensar en lo que estábamos haciendo hace tan solo dos semanas. Salir de casa a las 7.30 de la mañana para ir a la oficina y reunirme con mis magníficos compañeros. Cuando el ambiente de trabajo es agradable el tiempo pasa más rápido. Salir de la oficina e ir a comprar con total tranquilidad deteniéndome para hacer una foto al río con los patos sabiendo que puedo estar ahí el tiempo que quiero. Salir e ir al gimnasio y ver un maravilloso atardecer. Hace unas semanas estaba planeando con mi novio y amigas nuestro viaje a Oslo, viaje que, como es obvio, ya no podemos hacer, veremos para cuándo podremos retomar la idea.

La primavera ha llegado de una manera triste. Yo me veía ya en un chiringuito con un mojito, en la playa, yendo a tomar algo y pudiendo ver a mis padres cada vez que quisiera. Impotencia, frustración y tristeza no poder estar con los tuyos pero…todo no van a ser lamentaciones, ¿no? Yo tengo la suerte de estar con mi pareja y hacer que los días pasen de la manera más amena posible. Hay quien todo esto le ha cogido estando solo, así que no seamos tan egoístas. Reflexionemos y tratemos de sacar partido a las horas muertas. Con nuestro día a día solemos procrastinar, algo que hacemos día sí y día también. ¿Cuántas veces has dicho a una persona que vas a llamarla luego y después no lo haces? Nuestro día a día nos suele limitar y hace que nos olvidemos de pequeñas cosas y también de personas. 

En estos días si hay algo que me emociona es salir a las 20.00 horas para aplaudir. ¡Qué cosa! Es un momento de unidad. Todos vamos a una. Es verdad que desde aquí precisamente no escucho muchos aplausos pero sé que en otros lugares lo están haciendo y no paran de llegarme vídeos. Tenemos que agradecer a los sanitarios y a tantas personas que exponen su vida ayudando a los demás la gran labor que están haciendo. Me emociona ello al mismo tiempo que pienso en todas las personas que han perdido y van a perder la vida. Vida, otra palabra maravillosa, quien me conoce sabe bien lo que la valoro y el temor que tengo a perderla. 

Hablaba de procrastinar…Ahora, ¿para qué? El momento es ahora, como siempre debería ser, pero ahora tenemos menos excusas. Ya me había acostumbrado a hacer una videollamada con mi grupo de amigas una vez a la semana antes de que esto pasara para sentirnos más cerca y más unidas, ahora lo hacemos hasta más veces…y ¡qué buenos ratitos de risas! También hablo más con mis padres y diría que también con mi hermana y mi prima…pero con ellas tengo tan estrecha relación que, de normal, es raro el día que no hablemos. Cuando se quiere, se puede. Pero en estos días me emociona también que me lleguen mensajes desde Irlanda, Italia, Ucrania, Rusia, Polonia, Grecia…de algunas personas con las que hace ya tiempo que no hablo pero que han sacado un ratito para preguntarme cómo va todo. Y estas cosas son de valorar. Lo que estamos viviendo es algo que aún me/nos cuesta procesar y las conversaciones siempre comienzan con un “esto parece de película….o un capítulo de Black Mirror”. Lo que estamos viviendo es algo histórico, históricamente triste, matizaría. Se trata de algo mundial y esta locura nos une a todos y nos hace que empaticemos aún más.

Está claro que cuando pase todo y podamos poner un pie en la calle volviendo a sentirnos con plena libertad no todos lo vamos a percibir de la misma manera porque habrá grandes estragos. La sociedad habrá quedado tocada y golpeada pero yo no veo el momento de poder ir a casa y abrazar a mis padres, que es lo primero que quiero hacer. También añoro la playa, pero esta sin ser compartida pierde mucho, quiero quedar con mis amigos y que nos forjemos en un gran abrazo (os estoy amenazando, lo voy a hacer). Quiero también disfrutar de unos churros y un café en mi centro de Chiclana, ir a la Butrón y cenar en mi lugar preferido. Ojalá podáis abrir todos vuestros negocios y sigáis creciendo. Quiero ver a mi hermana y hacerle de rabiar aunque esto lo haga siempre con una videollamada o como sea. Quiero hacer planes, quiero tener la libertad de quedarme en casa cuando quiera y disfrutar de momentos de karaoke. Quiero dar mil vueltas por mi centro con mis primos mientras hablamos de todo. Quiero hacer tantas cosas….pero hasta que esto se pueda hacer, me limitaré a sacar la basura e ir a comprar cuando sea necesario. Mientras, seguiré comunicando como puedo y con quien quiero a través del móvil, jugando a cosas estúpidas y riéndonos de nuestras tonterías porque todo pasará pero habrá que hacer algo mientras tanto, ¿no?

Y, para pasar el tiempo, me doy una vueltecita también por mis grandes momentos compartido con magníficas personas y mi Kobulín. No puedo decir que no disfrute de la vida 🙂

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Tres días en París…el viaje tan esperado

Se trata de la tercera vez que voy a París pero cada viaje a esta capital europea es especial. La primera vez estuve con mis padres y mi hermana (y con más gente), un viaje que recuerdo con bastante alegría, además, ¡porque fuimos a Disney!  ¡Cómo olvidarlo! Y era mi primer viaje en avión…¡Cuánto ha llovido! La de aviones que he cogido desde entonces. La siguiente vez fue el año pasado para el cumpleaños sorpresa de María…Y esta es la culpable de que haya vuelto de nuevo este año con Pablo y mis amigos…Y me da que será la culpable de que volvamos…Cada vez ha sido por algún motivo especial…Esta vez estábamos ansiosas por conocer a la peque de María y ver a Mamá María…¡Cómo suena! Y qué ganas tenía de abrazarlas. Sigue leyendo

Bruselas, Gante y Brujas

Un viaje que salió prácticamente de la nada. De una noche granadina, estando tomando las típicas cervecitas acompañadas de sus respectivas tapas en un lugar que ya es un clásico para Pablo y para mí. Así que, de querer pasar unas vacaciones tranquilas en mi Chiclana (con parada antes en Asturias) a pasarnos por Bélgica ya que nos cogía de camino para llegar a Chiclana. Sigue leyendo

Ella, tan blanca

Siempre estuviste en el mismo lugar pero hasta ahora nunca había sentido tanta felicidad al verte. Es lo primero que veo cuando me voy acercando. Siempre has estado allí pero poco me habías importado. En realidad me solía dar pena cuando la vislumbraba de lejos después de un viaje porque aquello significaba el final y el volver a donde siempre, a lo de siempre. Me daba pena e incluso enfado cuando la veía porque significaba regresar pero el tiempo pasa y todo cambia. La misma persona pero con sentimientos encontrados. Allí, a lo lejos, en la cima apareces tan bella, tan blanca, tan bonita. La veo y una sonrisa aparece por mi rostro. Estamos llegando, lo escucho en los motores y en las sonrisas, lo noto en el olor a salinas, ese que me lleva a mi hogar. Entonces la veo y sé que queda poco pero es inevitable pensar en una persona, en la piedra angular, la veo y la imagen de ese mismo templo pero desde otra perspectiva se asoma por mi mente. Desde aquella casa. Siempre tan presente, siempre tan viva. Algunos podrán entender de qué estoy hablando. Una ventana, un balcón y en frente, Santa Ana. Todo cobra un sentido distinto. La relación de la ermita con la piedra angular, con mi abuela, se hace inevitable. 

Santa Ana

Ahora, cuando me voy aproximando en coche, se cruzan muchos momentos, muchos recuerdos pero en la primera persona que pienso es en ella y en cuánto me encantaría que estuviese para ir a contarle mis hazañas y decirle que en realidad echo tanto de menos lo de siempre. Por mucho que pasen los años, y ya van más de siete desde que nos dejaste, a veces mi mente me juega malas pasadas y es en tu casa donde quiero hacer la primera parada. Como si fuera cualquier sábado por la mañana.

El tiempo pasa y ya las cosas no son como antes pero mi hogar será siempre mi hogar y no ha sido hasta ahora cuando he llegado a valorar este punto del mapa y todo lo que le rodea. Y es llegar a casa y esbozar una sonrisa al ver que a ellos sí los puedo seguir abrazando. 

Allí, es allí. Es en ese pequeño lugar sureño donde se encuentran las personas que más quiero, mi familia y los amigos de toda la vida, y un futuro que aún está por llegar.

Berlín en 5 días

Decía siempre mi abuela, “¿qué es lo peor de los helados? Que se acaban”. Gran frase que yo la extrapolo a los viajes. Y es que, después del viaje que sea, siempre siento esa añoranza de verme rodeada de mis acompañantes de aventuras y de la inquietud de querer ver algo nuevo, de seguir conociendo mundo. Al despertarte después de un viaje todo parece un sueño y cada cual continúa con su rutina. De todos modos, esa es la parte que los hace especiales, salir de tu día a día y convertir los pequeños momentos en grandes anécdotas que recordar cada vez que nos veamos. Sigue leyendo

Dos días en Budapest

Y llegamos a Budapest! Tres horas con el bus Flixbus y ya estábamos en la parada de autobuses Népliget, en la parte de Pest, ya que nos venía mejor para nuestro destino. Con esta compañía hay autobuses prácticamente cada hora, y el precio, si lo coges con tiempo, es bastante bueno, por 9 euros puedes llegar a la capital húngara desde Viena. A nosotras nos salió algo más caro por dejarlo para el final. También está la opción de coger el tren ÖBB pero nos salía mejor el bus. Sigue leyendo

Dos días en Viena ^^

En esta entrada os voy a empezar contando el Viaje de las Hermanas Reyes a Viena y a Budapest.. Un viaje que os recomiendo gratamente sobre todo en las fechas elegidas  (del 30 de noviembre al 5 de diciembre). Eso sí, si no os importa mucho que haga frío y nieve… Pero si vas preparados… ¡No pasa nada! Además, podréis disfrutar de estas magníficas capitales nevadas. Le da un encanto especial.

La nieve nos dio la bienvenida en Viena.

Pues bien, antes de ponerte como un loco a hacer la maleta lo primero que tienes que hacer es buscar información sobre el tiempo meteorológico para no llevarte sorpresitas. Así que visto que nevaba justo en el periodo elegido… No podía faltar un buen chaquetón, gorro, bufanda, guantes y ropa abrigada. No hay que enloquecer con la ropa… Más del 90% del tiempo no lucirás tus modelitos.. El chaquetón no es ningún elemento de decoración.. Y otro consejo…unos leggins debajo de unos vaqueros también hacen mucho. También el paraguas es un buen amigo en este periodo.. A nosotras nos sirvió la primera noche que fue cuando nevó, el segundo día que también nevaba preferimos usar los gorros ya que el paraguas nos daba fastidio.

Nosotras nos quedamos en una casa que buscamos por Airbnb. Un lugar muy recomendable. Una chica italiana nos recibió y teníamos total independencia. Es cierto que no estábamos en el centro pero nada que no se pueda solucionar con el metro. Llegamos por la noche pero aun así pudimos coger la línea de tren S7 de la compañía OBB por tan solo 4 euros y 25 min después estábamos en la estación Wien Mitte donde cogimos la línea de metro u4 para ir a nuestro destino. (Hay otro tren…El city Airport Train pero es más caro).

Lo cierto es que Viena está muy bien comunicada. Nosotras llevábamos nuestro programita ya hecho de antemano y el primer día nos tocaba caminar bastante. Además, así es como se disfruta mejor la ciudad, disfrutando de sus calles y no llegando sólo al lugar turístico. Nuestra primera parada fue el Naschmarkt. Aquí hay más de cien puestos de productos típicos de la ciudad pero también de otros países. Esta bien darte una vueltecita por allí aunque te acribillan queriéndote darte a probar de todo. 

Allí vimos que había una cafetería en el centro del mercado y nos paramos para coger fuerzas. En realidad fue la peor opción. El servicio era un poco lento y nada económico. Nos pedimos un capuccino y unos pancakes para compartir.. Pero para mi gusto estaban demasiado secos.  De allí fuimos en dirección al Palacio Hofburg. De camino nos topamos con un precioso parque en el que disfrutamos como niñas pequeñas jugando con la nieve. Merecía la pena quedarte un rato por allí y sacarte unas fotos antes de ir al complejo arquitectónico… Que por cierto es gigante, con un museo,una biblioteca, la escuela de invierno de equitación…Hasta un mariposario en el parque Burggarten. Nosotras disfrutamos de todo por sus alrededores. Y es que en Viena te encuentras con palacios, grandes monumentos y parques preciosos por todos lados. ¡Es una maravilla! Disfrutas tan sólo paseando y admirando la belleza de la ciudad. De lejos vimos el Ayuntamiento pero lo reservamos para más tarde ya que sabíamos que había un mercado de Navidad, de esos que me encantan a mí, de los de las películas :)) así que preferimos ir por la noche  (aunque a las 5 ya era de noche así que no penséis que con “de noche” me refiero a las 10).

Paseamos por el Palacio y de allí fuimos a la Ópera. Nos dijeron que a las 15.30 había un tour para españoles así que pensamos que sería buena idea volver más tarde. Paseando y paseando llegamos a la Iglesia de San Carlos Borromeo. Tampoco entramos pero es maravillosa por fuera. Además, está en un parque donde también había un mercado navideño. ¡Cómo para no ir!

Mj contemplando el parque

De allí fuimos a uno de los parques más antiguos de Viena, el Stadpark. Muy grande, precioso, con un lago, sus patos.. Muy aconsejable ir. Para esta hora ya nos picaba un poco el hambre así que fuimos en dirección a la Ópera y así ya estar cerca para hacer el tour. Para entrar en calor nos pedimos una sopa de crema y verduras con panecillos y luego la comida típica de Austria.. Tatatachán…. el ‘Wiener Schnitzel’ en otras palabras, un filete empanado con patatas. Que a ver…. estaba bueno… Pero no dejaba de ser un bistec. Allí nos bebimos también una cerve típica. La verdad es que este parón vino muy bien y la sopa entró de lujo.

Tras echar casi una hora por allí, donde nos vimos rodeadas de españoles e italianos, que estamos por todos lados, fuimos a hacer el tour por la Ópera. Entretenido y tampoco es caro para los estudiantes… Si no, me parece un poquillo carillo 9 euros. La verdad es que aluciné mucho con el escenario, lo grandísimo que es y todo lo que hay detrás, tanta maquinaria para los cambios de escenarios. Sí, me quedé un poco con la boca abierta. 

Paseando y paseando por sus céntricas calles llegamos a la maravillosa Catedral de San Esteban, símbolo de la ciudad. Alucinamos mucho con esta catedral gótica. Impresionante. No podíamos dejar de mirar hacia arriba. El centro estaba muy ambientado, estas fechas ya cercanas a la Navidad y ese ambiente con luces y adornos engrandecían la ciudad. 

Es muy famoso el Café Sacher pero la cola era enoooorme, además, los precios bastante elevados. Las críticas son muy buenas, según me habían comentado, pero la capital está llena de cafés. No íbamos a perder tiempo en la cola. De allí fuimos al Ayuntamiento donde disfruté también como una niña pequeña viendo el mercado de Navidad.Y, posteriormente, nos dirigimos a los jardines del Parlamento. Muy aconsejable todo. Posteriormente cogimos el metro porque estábamos ya un poco cansadas y queríamos pasear por los alrededores del Danubio pero nos equivocamos de parada y al final hubiese sido mejor ir paseando, sin necesidad de tomar el metro.

El segundo día nos levantamos temprano para ir al Palacio de Schonbrunn,  el palacio de verano de la famosa Sissi emperatriz, y para llegar cogimos la línea u4. Tampoco entramos en su interior pero merece la pena visitar sus inmensos jardines. En este caso, nevados, lo que le daba un toque muy especial aunque me han dicho que en otras temporadas el verde de los jardines luce mucho también. A mí me enamoró aquel lugar, sobre todo, la subida detrás del palacio. De allí fuimos al parque de atracciones Prater , volvimos a coger la línea de metro u4, nos paramos en Schottenring para hacer trasbordo con la línea U2. La entrada al Preter es abierta al público, tan solo tienes que pagar por atracciones (si te subes). Mi hermana y yo quisimos entrar en la casa del terror y la verdad es que lo pasamos muy bien. Casi salgo sin manos por los apretones de mi querida hermana pero nos hartamos de reír.

Nos faltó por ver el complejo residencial Hundertwasserhaus  y el Palacio Belvedere. Al primero queríamos ir pero nos habíamos entretenido demasiado y no teníamos tiempo, en realidad en Viena estuvimos un día y medio…Y ¡demasiado habíamos visto! En cuanto al  Palacio Belvedere, se trata de una pinacoteca donde se encuentra una de las obras maestras de la pintura, ‘El Beso’ de Gustav Klimt. En realidad lo habíamos descartado de nuestra ruta pero en caso de haber tenido el día completo nos hubiésemos acercado. Del Prater volvimos a la casa (que estaba en la otra punta) para recoger las maletas  pero la verdad es que la dueña de la casa fue muy amable permitiéndonos dejar las cosas allí. Una vez recogidas volvimos a coger los respectivos metros en dirección a la estación de autobuses de Erdberg donde cogeríamos el Flixbus para Budapest. Por cierto, por esta zona es complicado encontrar un sitio para comer…mejor perder un poco de tiempo y comprar algo para llevarte a la boca antes de llegar a la estación…Eso, o hacéis como nosotras, ‘sausages’, en el puestecito de la estación. En la próxima entrada toca Budapest…

Datos de Interés

Página súper útil para ver tema Horarios, precios..: https://www.disfrutaviena.com

También he utilizado el blog de Callejeros Viajeros.

En la Galería de imágenes subo mapa de metros.

Existe un bono para coger metros durante 24 horas por solo 8 euros. La entrada single es 2,30 e. 

La casa donde nos quedamos está en:  Steinbauergasse (más info por privado)

El tren S7 (OBB) es más barato, por 4 euros lo tienes desde el aeropuerto al centro.

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